Design frontiers

Delphine Carrère: naturaleza, confort y funcionalidad

Conversamos con la arquitecta francesa al frente de la reformulación de Biarritz.

Por Vivian Urfeig

08.03.2023

Delphine Carrère es arquitecta e interiorista, y también la responsable de recuperar el brillo que supo tener Biarritz no tanto tiempo atrás. La misión que se propuso junto al estudio que lleva su nombre fue ambiciosa: rescatar el glamour de esta localidad al sureste de Francia que ocupó la nobleza y luego la burguesía aristocrática. Hoy es el destino más buscado por la comunidad surfer que no solo encuentra olas gigantes, también descubre que la arquitectura se integra al paisaje y que no sólo quedaron hoteles palaciegos en pie y residencias de lujo. Detrás de la nueva California francesa, como la denominó el New York Times, Carrère define la nueva fisonomía del ex puerto ballenero que con acantilados, playas y dunas desiertas conquista a las nuevas generaciones. Con estrategias de restauración que respetan el vínculo con el entorno y soluciones simples, la arquitecta francesa dejó atrás el camino de la ostentación. El resultado: arquitectura que se integra al paisaje, ambientes luminosos y equipamiento que dialoga con los exteriores. Carrère propone un abordaje disruptivo, agreste y descontracturado refrescando la cultura local y adaptando los espacios a la naturaleza que los rodean. En cuanto a su inspiración, Carrère reconoce a Bjarke Ingels y a Kengo Kuma como sus maestros. A su vez, la arquitecta también se formó en Derecho. Su ADN proyectual está impregnado de mar, de arena, de viajes y materiales nobles que entablan diálogos eternos con el entorno.

Gentileza Atelier Delphine Carrère.

“Nos interesa profundizar en qué implica la sofisticación y la elegancia en los espacios. Quién es el usuario que los habitará y cuáles son sus intereses. Prestamos mucha atención a reflejar su personalidad desde los detalles, sin perder de vista el confort, la funcionalidad y la practicidad de la vivienda”, señala Carrère desde su atelier con sede en Biarritz, donde reformó una casona de 1900 en el hogar que ahora comparte con su familia. Su refugio personal –grandes ventanales y dos sectores añadidos a la estructura original—debía contemplar un requisito no negociable: “El contacto con la naturaleza y la circulación de aire son las claves”. La arquitecta, que logró “suspender en el aire” dos cubos que cuelgan a cada lado de la villa, cuenta que vivió toda la vida en una casa acristalada en Cannes, con “una vista espectacular”.

Hace más de 20 años que Delphine releva la arquitectura de la región en busca del equilibrio que los surfers encuentran montados a sus tablas. Para la interiorista, su mejor plataforma es asegurar que la naturaleza y el medio ambiente vayan por el mismo camino, sin competir jamás con los proyectos que recibe. Así conjuga grandes ventanales que funcionan como pantallas y generan visuales panorámicas para disfrutar todo el año, no solo en verano cuando las playas reciben a la mayor cantidad de surfistas.

Gentileza Atelier Delphine Carrère.

“Optimizar la altura del terreno es una de las grandes decisiones, que permite jugar con los distintos niveles y darle vida a los volúmenes y los ritmos de las plantas”, explica la arquitecta. En el caso de Bidart C2S, una de las últimas viviendas refuncionalizadas, se buscó privilegiar el acceso directo a la playa desde los acantilados. A través de senderos pequeños se lograron distintos caminos. A pedido de los usuarios, el estudio diseñó un proyecto paisajístico inspirado en el escultor vasco español Eduardo Chillida, conocido por sus trabajos en hierro y hormigón. En este sentido, las tramas materiales también responden a su impronta: maderas enrojecidas y zócalos de piedras de Bidache que se distinguen por sus vetas y contrastan con el hormigón que domina todos los interiores.

El surf dice presente desde uno de los espacios destinados a guardar tablas, trajes de neoprene y sacudirse la arena de la playa. “Optamos por revestimientos en roble, madera cepillada, carpinterías de aluminio y materiales de alta gama”, enumera Carrère, que reconoce que la combinación de materiales interpela sus sentidos. La interiorista también investigó el legado del arquitecto Yves Salier, proyectista original de la casa La Mouthe y aplicó los mismos materiales de la versión original en el nuevo planteo: hormigón, azulejos sicilianos pintados a mano y revestimientos de terracota. También transformó el espacio en un pequeño museo fotográfico, con obras de talentosos profesionales: Sebastiao Salgado, Ckaude Nori, Philippe Bourseiller y pinturas de Christian Astuguevielle, Izabeau Jousse y Mathieu Chavaren, entre otros.

Gentileza Atelier Delphine Carrère.

La madera también domina la paleta de materiales de Maison Dutertre, donde además del contenedor arquitectónico el estudio diseñó el equipamiento interior y el proyecto de iluminación. “Es uno de los ejemplos donde las casas encajan perfectamente en el entorno. Entre los pinos y las dunas del bosque de Chiberta refuncionalizamos la caja y sumamos una piscina”, señala la arquitecta sobre la estructura original. Agrega: “Los nuevos habitantes querían modificar por completo la sensación que les daba la casa. Anhelaban sentirse parte de ese bosque y querían garantizarse vacaciones en un entorno natural”. Así, eligieron maderas oscuras para los exteriores, que generaron un contraste de texturas con los paneles de cerámica negra y el hierro lacado, perforado y corrugado que aportó una primera capa entre la casa principal y la calle.

La facilidad para surfear distintas escalas se puede apreciar en el dúplex de la bahía de Saint Jean de Luz, donde fueron muy minuciosos a la hora de los detalles. En una antigua casa residencial de finales del siglo XIX optimizaron las visuales a las montañas y al puerto y privilegiaron el acceso directo a la playa. En el altillo, en tanto, ubicaron las suites. “Aquí los detalles marcan la diferencia y todo el equipamiento es de primer nivel. El resultado: un departamento que integra el paisaje con estilo propio”, señala Carrère.