Design frontiers

Biomateriales: la agricultura del futuro

Desde una perspectiva ecológica, tecnológica y digital, los biomateriales son los portagonistas del diseño del futuro. Heide Jalhk, Silvio Tinello, Elia Gasparolo, Ana Laura Cantera, Milagros Mignaquy, Carolina Etchevers y Camila Castro Grinsten son siete referentes en el uso de estos materiales y nos abrieron la puerta de sus laboratorios para compartir sus procesos. Todos ellos tienen en común poner el foco en la gestión de residuos orgánicos.

Por Vivian Urfeig

08.10.2020

¿Llegará un momento en que el mundo diga basta? Harto ya de plásticos, polución y huella de carbono. Pero también de procesos productivos que involucran dinámicas industriales contaminantes y nocivas para el medio ambiente. Entre las estrategias sustentables que surgen desde el diseño cada vez suenan con más fuerza los procesos biológicos, los materiales cultivados y los tintes naturales. A partir de descartes de yerba mate, café o té, bacterias activadas y aglutinantes naturales, estos nuevos laboratorios exploran las transformaciones y combinaciones que apuntan a un cambio de paradigma. Proyectos que brotan con una dinámica slow, en línea con el registro del tiempo que requieren estas iniciativas. Prueba y error es la fórmula común. El cuidado ambiental, en primer plano.

“La biología es la nueva tecnología”, afirma Silvio Tinello, diseñador industrial graduado en la Universidad de Córdoba, que cosecha y cultiva luminarias, indumentaria y accesorios. “El proceso de bio fabricación parte de un bio aglomerado fúngico compuesto por el descarte de la yerba mate y aglutinado con micelio, la parte vegetativa de los hongos. Por otro lado la celulosa bacteriana, que resulta del cultivo de bacterias que transforman el azúcar en celulosa”, explica. Con un máster en Diseño Sustentable de la Universidad de Philadelphia, Tinello presentó parte de su colección en el Salón Satélite de Milán, en el marco del Salón Internacional del Mueble.

“Somos intérpretes materiales, donde la interacción y la creación de diálogos representan el punto de partida para la exploración. En esos cruces se dan los procesos más interesantes de los cuales resultan estos materiales evolucionados, biodegradables y biofabricados”, señala Tinello, quien investigó las propiedades del caucho durante la beca Fullbright. El objetivo del trabajo que realiza con la yerba mate es “transferir identidad y llevarla a la cultura material argentina”.

Heidi Jalkh es otra de las voces emergentes. La diseñadora industrial, docente de Morfología en la FADU UBA, cursó la maestría Open Design de Humboldt, Berlín y lleva adelante Sistemas Materiales. Se trata de un equipo interdisciplinario que trabaja en la intersección del diseño, la ciencia y la tecnología para desarrollar materiales biofabricados, bioinspirados y responsivos.

El proceso de los hongos luego de 48 horas en la solución de Jalkh. Gentileza.

“Los hongos son el futuro, nos van a salvar”, dice Jalkh, colombiana radicada en Buenos Aires. Durante la cuarentena porteña experimentó con gírgolas en el living de su casa. “Me fascinaba ver cómo soltaban las esporas”, dice la diseñadora que registró todo el proceso que empezó con el cultivo y terminó en la sartén. “La idea original fue comprobar si el micelio era de color, pero eso no sucedió. Entre los ejercicios de prueba y error surge una constatación: los usos actuales de los materiales no son los correctos”, dispara. “Hay que generar estrategias y procesos disruptivos en busca de alternativas no convencionales de materiales y medios de fabricación. Buscar la fusión de procesos y técnicas de fabricación digital y manual. Aprender de los organismos, soltar lo proyectual y encontrar puntos de contacto”, sugiere la diseñadora industrial que lleva adelante un laboratorio de cerámica digital que incorpora en accesorios otros materiales, como el vidrio. Su objetivo es configurar productos que destaquen su sentido evocativo a través de la morfología, los materiales y la tecnología, empujando los límites de los métodos de producción disponibles, fusionando procesos de alta precisión y técnicas de fabricación artesanal. Entre sus investigaciones, se destacan conexiones significativas entre los campos de la biología, el diseño y la ingeniería. “Así logramos un mayor nivel de integración entre la generación de la forma, su materialización y fabricación”, explica.

Detalle de sistemas materiales de Jalkh. Gentileza.

La orientación de Ana Laura Cantera suma un abordaje artístico. Cantera es artista bioelectrónica y participó de la beca Global Community Bio Fellows, desarrollada en el MIT y la ELAP Emerging Leaders in the Americas Program (Concordia University-Montreal). Co-fundadora del laboratorio de biomateriales Mycocrea y del colectivo de arte y biorobótica Robotícula, junto a Demián Ferrari, es una de las referentes de esta pata de la disciplina. Su abordaje innovador y disruptivo se inclina hacia “los conceptos de naturaleza y territorio como interfaz mediante electrónica y organismos no-humanos”. Además de indumentaria y accesorios, Cantera desarrolla bioplásticos de remolacha o hibisco para diseñar luminarias o contenedores. También, cuencos a partir de banana y paneles aislantes para revestimientos realizados con hongos. Uno de sus últimos proyectos fue el diseño de camas para hospitales modulares Covid 19 hechas de cartón con iluminación a partir de bioplásticos de café y cúrcuma, realizado junto al equipo de investigación de UNTREF.

La artista participó de la exposición Arte y sustentabilidad: metáforas para abrazar al mundo, pionera en la materia y realizada en la galería Praxis en 2013, con un proyecto formulado en el sur de Brasil. Cantera creó una comunidad de muñecos de plástico biodegradable y fibra de banana, la sumergió en el río hasta que la acción del ecosistema ribereño la transformó en una red de células microbianas. “Los muñecos se convirtieron en interfaces para la extracción de energía a partir del agua. La reconstrucción de ese circuito en la galería prolonga en la ciudad la generosidad de la naturaleza”, escribió Rodrigo Alonso, curador de la muestra.

Collar de pétalos de vino malbec, de Elia Gasparolo. Gentileza.

“Aluciné con la conductividad del agua estancada”, dice Elia Gasparolo, artista visual, sobre su paso por la Universidad de las Artes, donde Cantera le contagió la pasión por los biomateriales. Gasparolo trabaja en el equipo del artista Gaspar Libedinsky y realizó Destellos de la Naturaleza junto a Joaquín Fargas. Nieta de una modista mendocina, durante la cuarentena le dedicó un homenaje a su abuela: Diseñó un vestido y una colección de accesorios a partir de las cáscaras de mandarinas, restos de vino y lavanda, tres elementos de su memoria emotiva que la conectaron con sus raíces. Tejido Conectivo es el nombre de esta línea bio textil que surge como una “segunda piel, muy profunda, a la que le puse el cuerpo”, señala Gasparolo.

Mientras trabaja en el armado de la muestra que Libedinsky inaugurará en 2021 en el Museo de Arte Decorativo, experimenta otras tecnologías para conocer el alcance que tienen los biotextiles y planifica un sistema de código abierto para compartir sus recetas con el resto de la comunidad de diseñadores y artistas. Además, uno de sus desarrollos acaba de ser publicado por Materiom, una biblioteca de materiales colaborativa que cuenta con hubs en Boston, el Reino Unido y Chile, desde donde difunden abiertamente las investigaciones. La experimentación con arcilla roja y maicena es la fórmula de Gasparolo que está disponible para nuevas aplicaciones. flexible y de características similares al cuerpo, se utiliza para joyería contemporánea y admite costuras con hilo de algodón.

En el plano textil también se destacan los trabajos de Milagros Mignaquy, al frente de Tinto, donde la Naturaleza es la materia prima para “reciclar, re aprovechar y reutilizar todos sus recursos en favor de crear colores naturales a través de un proceso lento y 100% artesanal, preservando el medioambiente. Hago foco en los procesos. Revalorizo prácticas y técnicas textiles tradicionales que quedaron olvidadas en el tiempo”, apunta Milagros. Sus tintes naturales se obtienen de distintas especies vegetales, como cebolla, cúrcuma, hojas de eucaliptus, café o yerba mate.

Tintes naturales de café y yerba mate realizados por Tinto, de Mignaquy. Gentileza.

Los desechos domésticos son el punto de partida de la diseñadora de indumentaria Carolina Etchevers, al frente de Matriz. “Me interesa crear conciencia sobre el uso de los residuos y cuestionar el origen de las cosas que elegimos consumir y desechar. Creo en el valor de la información compartida, la construcción de comunidad y la democratización del conocimiento”, dice. Entre sus últimos desarrollos figura un biotextil a base de cáscaras de cítricos, gelatina y carbón activado. “Un proceso íntegramente artesanal, pensado para la confección de bolsos y mochilas”, destaca.

Finalmente, Etimo es un proyecto de investigación y producción de biomateriales a partir del reciclado de residuos orgánicos y biodegradables. Dirigido por Camila Castro Grinstein, diseñadora textil de la UBA y artista visual, trabaja desde la transdisciplina dialogando con la biología, la química, la cocina y el diseño para elaborar texturas. “Desde la investigación de materialidades, plasmamos diferentes proyectos de producto con un fuerte énfasis en la economía circular e innovación”, explica Castro Grinstein, quien plasma contenedores y bowls a partir de compuestos de café, repollo y cáscara de huevo, “residuos de temporada”. Además, desarrolla productos efímeros: paneles y mobiliario para stands, ambientación de locales y packaging. «Esta aplicación contribuye a la reducción de los plásticos de un solo uso que generan altas cantidades de residuos no degradables», postula.

Alianzas colaborativas, proyectos interdisciplinarios y cruces artísticos componen la trama de esta nueva especialidad. Un signo de los tiempos donde una cáscara de banana tiene tanta relevancia como un sistema digital de alta complejidad. Sembrar diseño, cultivar tecnología y cosechar productos biofabricados: un futuro que se planta, un desafío oportuno y posible.

Foto de portada: Contenedores de Silvio Tinello. Gentileza.