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El garbo de lo virtual: ella es Zendaya

Actúa, baila, canta, escribe, lucha contra el racismo, es influencer VIP y un ícono de la moda. Sus talentosos trabajos en las diferentes áreas artísticas se relacionan como por simbiosis. Resulta difícil no pensar en ella cuando se idealiza a la superstar del siglo XXI y mucho más si se quiere llegar a un nombre que represente fehacientemente el tándem redes sociales-Hollywood. ¿Es esta joven la primera gran celebrity de la era virtual?

Por Nicolás Mancini

11.11.2020

Existe una diferencia poco elegante entre Zendaya y la tríada Audrey Hepburn, Joan Fontaine y Jennifer Jones. Estas tres ganaron el Oscar a sus 24 y eran estrellas incipientes de su época -con perdón de Fontaine, que ya contaba con lo suyo- y Zendaya, si le es permitido a este redactor ubicar a la misma altura obras cinematográficas y series del siglo XXI, obtuvo con su Emmy 2020 un premio similar a la misma edad. Las cuatro le rinden honores al concepto de estrella de cine y poseen un talento indiscutido, pero las de la tríada no contaban con algo clave: Instagram.

Cada video de menos de catorce segundos y foto en el feed que postea la actriz californiana puede ser apreciado, con la mejor predisposición de sus seguidores, por casi dos Argentinas, veintitrés repúblicas orientales del Uruguay, mil ciento cuarenta y un estadios de River Plate, absolutamente todos los votantes de Joe Biden y casi ochenta millones de personas más de las que quisieron que Kanye West fuera el presidente de los Estados Unidos. Zendaya, si fuera producto del Profesor Utonio, sería más que cualquiera de las chicas superpoderosas: actúa, baila, canta, escribe, lucha contra el racismo, es influencer VIP y un ícono de la moda. Sus talentosos trabajos en las diferentes áreas artísticas se relacionan como por simbiosis. Resulta difícil no pensar en ella cuando se idealiza a la superstar del siglo XXI y mucho más si se quiere llegar a un nombre que represente fehacientemente el tándem redes sociales-Hollywood. ¿Es esta joven la primera gran celebrity de la era virtual?

La diferencia entre Zendaya Maree Stoermer Coleman, más conocida por su primer nombre, y algunos otros millennials de la factoría Disney, radica en la aparente madurez de Zendaya, las personas de las que supo rodearse y su evidente talento artístico. No por nada en su familia le dicen “Abuela”, casi se dedica a la docencia -y al básquet- y destaca en entrevistas que de chica era muy tímida y que todavía no le gusta que la vean llorar en plano.

Antes de llegar a contar con una Barbie inspirada en ella, Zendaya tuvo que transitar un breve pero intenso camino. De adolescente hizo comerciales para Macy ‘s, Mervyns y Old Navy y cantó y bailó en videoclips, pero fue en la serie de Disney Shake it Up donde se empezó a hacer conocida. Siete años después de su aparición en esa ficción, y con alguna que otra actuación en trabajos de Taylor Swift y Beyoncé en el medio, Zendaya se convirtió en la adulta joven más buscada por los productores de los grandes estudios cinematográficos. Tras haber audicionado para Spider-Man: Homecoming (2017) -sin saber para qué rol lo estaba haciendo- fue elegida como la nueva MJ y, aunque interpretó un papel secundario, su personaje fue recepcionado por la audiencia casi con la misma vara que el superhéroe de Tom Holland. Además, el mismo año estrenó The Greatest Showman, musical de cuestionable factura pero con un puñado de escenas memorables, entre ellas una protagonizada por Zendaya en su faceta de artista de circo.

Malcom & Marie: la película de Sam Levinson, creador de Euphoria, rodada durante la cuarentena y protagonizada por Zendaya y John David Washington.

Cansada de aceptar roles secundarios, Zendaya cambió de tamaño de pantalla e interpretó al personaje que haría gala de los ochenta millones de Instagram: Rue Bennett, de la miniserie Euphoria, de HBO y A24. Desplegó un abanico de recursos interpretativos a la hora de llevar adelante a una adicta en recuperación en medio de un contexto de jolgorio adolescente y se llevó el Emmy del récord -superó a Jodie Comer en ser la más joven en ganarlo-. Siguiendo esta línea, el corto ciclo de su carrera adquirirá un nuevo escalón con la prometedora superproducción de Denis Villeneuve, Dune, película de intenciones profundas que le dará su primer personaje “a lo Euphoria” en cine y que la reunirá con su alter ego masculino: Thimotée Chalamet.

La otra capa de sentido de la historia de Zendaya cuenta con nombre y apellido: Law Roach. Al mejor estilo Dunkirk, de Christopher Nolan, las líneas de tiempo de la carrera de actriz se superponen y se resignifican una vez que están todas sobre la mesa. El cambio de tono que eligió encarar luego de las Spider-Man no solo está expresado en Euphoria, sino en su influencia en el mundo de la moda. Si bien trabaja con ella desde hace ocho años, el estilista Roach eligió un momento clave para comunicar que su clienta y gran amiga estaba para mucho más en la MET Gala 2019. En una ceremonia de temática camp que contó, por ejemplo, con un streap tease de Lady Gaga y un Jared Leto que asistió con su propia cabeza en brazos, Zendaya se asomó en la alfombra con un vestido similar al de la Cenicienta y simbólicamente selló su corte de orejas. “Fue una forma de decir que esa iba a ser la última vez que la relacionan con Disney”, explicó Roach para The Guardian.

Inspirada en Rihanna, Madonna y Erykah Badu, Zendaya basó su estilo en sus propias reglas y de más chica siempre llamó la atención de los suyos porque nueve de cada diez veces estaba de compras en la sección de hombres. Roach, según contó en varias ocasiones, comenzó a trabajar con ella con la idea de construirle una imagen. Por eso, cuando no era muy conocida, lo primero que determinó el estilista fue sugerirle atuendos que habían usado otras estrellas para que las revistas de moda los comparasen y así ella poder hacerse un nombre en el ambiente. Una vez que los “me gusta” en las redes comenzaron a avalarlos, juntos lanzaron Daya by Zendaya, una marca de ropa inclusiva y económica. Por mencionar algunos highlights, la artista se robó decenas de flashes, además del día que se puso el vestido de la Cenicienta, cuando se lookeó como Bowie en los Grammy 2016 o cuando fue con rastas a los Oscars 2015.

Y la mesa sigue llenándose de migas, entre las cuales hay un libro de consejos adolescentes, un álbum de música, varios sencillos, discursos antiracistas y movimientos contra el acoso online, un film grabado en cuarentena con John David Washington y la chance de interpretar a Ronnie Spector en un musical. El fenómeno Zendaya podría explicarse con la invalidez del famoso refrán “mucho abarca, poco aprieta”. En una época en donde las pantallas emanadoras de estatus y estilo dejaron de ser solo las grandes, el concepto “estrella de cine” comienza sentir el efecto del chasquido de Thanos. Aunque se alimenta indefectiblemente del valor de las salas, Zendaya no es solo un prototipo de la estrella cine, es símbolo del garbo de lo virtual.

Foto de portada: Zendaya en Dune, la película a estrenar de Denis Villeneuve.