
"Cal" en Fundación Larivière / Marina Oybin
Comunicación y prensa
La belleza de lo popular: Lázaro Blanco y Pablo López Luz revelan la memoria de
la arquitectura mexicana
Fundación Larivière presenta Cal, exposición que reúne más de medio centenar de obras de los fotógrafos mexicanos Lázaro Blanco y Pablo López Luz, dos generaciones unidas por una misma búsqueda: descubrir, en la arquitectura popular mexicana, una belleza silenciosa construida a partir de la luz, la materia, el color y el paso del tiempo.
Con curaduría de Alexis Fabry, la muestra propone un diálogo entre un maestro histórico de la fotografía mexicana y un artista contemporáneo que registra la persistencia de formas constructivas heredadas. Ambos fotógrafos se detienen en pequeños pueblos y construcciones anónimas para revelar la potencia visual y cultural de sus muros, sus volúmenes, sus texturas y sus detalles arquitectónicos.
Para Fabry, el vínculo entre ambos artistas surge de una sensibilidad compartida hacia la cultura popular. “Si hay un rasgo común en la fotografía hecha en Latinoamérica, es la relación con la cultura popular”, señala el curador. En Cal, esa relación aparece a través de la arquitectura: los materiales, las técnicas constructivas, las formas y los modos de habitar que conforman la identidad de un territorio.
La exposición propone una nueva lectura sobre la arquitectura vernácula mexicana: una arquitectura realizada con materiales locales, mediante conocimientos transmitidos de generación en generación, que responde a las necesidades de una
comunidad y mantiene una relación profunda con el paisaje. Fabry la define como una arquitectura secular, en el sentido de aquello que permanece desde hace mucho tiempo, que atraviesa generaciones y conserva la memoria de un lugar. Un México esencial
Aunque pertenecen a momentos históricos diferentes, Blanco y López Luz comparten una manera de aproximarse a México: una mirada contenida, precisa y alejada de toda espectacularidad. “Hay una búsqueda de la depuración que los une fuertemente”, explica Fabry.
En las fotografías de ambos artistas, la arquitectura aparece despojada de elementos innecesarios. Los muros, las puertas, las ventanas y las sombras adquieren unapresencia casi abstracta. “Ven un México relevante, hermoso, pero recatado”, afirma Fabry al definir la mirada compartida por ambos fotógrafos.
Se trata de un México silencioso y profundo: el de las superficies transformadas por el sol, los colores desgastados por el tiempo y las formas constructivas que conservan una memoria colectiva.
La materia, la luz y el paso del tiempo La cal, que da título a la exposición, funciona como un hilo conductor. Es una superficie
donde quedan registradas las huellas del tiempo: las capas de pintura, las grietas, las variaciones de textura y los efectos de la luz.
En la obra de Blanco, la atención se focaliza en la piel de los edificios. “Su mirada se concentra en captar la belleza de los muros encalados y las sutiles variaciones de sus texturas. Algunos críticos han llegado a hablar de haikus fotográficos”, escribe Fabry
en el texto de sala.
En López Luz, la mirada se desplaza hacia los detalles constructivos: el entorno de una ventana, una puerta, una escalera, el encuentro entre la vivienda y la calle, los colores intensos o aquellos modificados por años de exposición al sol.
Ambos artistas revelan que un muro aparentemente vacío puede contener una compleja historia visual: la arquitectura se transforma así en un registro de la vida cotidiana y del vínculo entre una comunidad y su territorio.
La geometría de lo cotidiano Uno de los aspectos centrales de la exposición es la relación entre arquitectura y geometría.
Para Fabry, tanto Blanco como López Luz tienen un interés profundo por la organización de las formas, por la precisión de los planos y por el diálogo entre espacios llenos y vacíos.
La ausencia de figuras humanas en muchas de las imágenes responde a una decisión estética: evitar la anécdota para concentrarse en la estructura visual de los espacios.
Lo vernáculo frente a un mundo homogéneo En un presente marcado por la globalización y la uniformidad de los paisajes urbanos, la exposición plantea una reflexión sobre la vigencia de las forma constructivas tradicionales.
Para Fabry, existe una paradoja: mientras algunas expresiones de la arquitectura popular desaparecen, aumenta el interés contemporáneo por sus principios, materiales y oficios. “Quizás hoy estamos mejor dispuestos que nunca a mirar lo vernáculo, lo popular”, sostiene.
La arquitectura nacida de la experiencia local adquiere así un nuevo valor. Frente a la homogeneización, los materiales crudos, las técnicas artesanales y las soluciones desarrolladas durante siglos aparecen como fuentes de conocimiento e inspiración.
Una mirada sobre la belleza de lo popular
La exposición reúne dos miradas fotográficas que, desde generaciones diferentes, encuentran una misma certeza: la arquitectura popular no es un vestigio del pasado, sino una forma viva de memoria y una fuente de belleza contemporánea.
Cal propone detener la mirada sobre aquello cotidiano para revelar allí una profundidad inesperada: la historia de los territorios expresada en sus muros.
Fundación Larivière
Caboto 564, La Boca
Jueves a domingo, de 12 a 19 h