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Silvia Fernández: la mirada femenina en la historia del diseño argentino

Silvia Fernández, curadora de la exposición Matrices. Mujeres del Diseño. Capítulo I: Origen y Activismo, traza una línea de tiempo que articula el presente de la disciplina con el pasado y el futuro.

Por Vivian Urfeig

11.03.2020

Matrices. Mujeres del Diseño. Capítulo I: Origen y Activismo presenta un recorte de diseñadoras de indumentaria, gráfica, artistas plásticas y creativas argentinas que brillaron entre los años ’30 y ’70. Silvia Fernández, Diseñadora en Comunicación Visual e investigadora abocada a la historia de la disciplina en América Latina y al rol de las mujeres en la misma, fue la encargada de realizar el recorte junto a la Fundación IDA (Investigación en Diseño Argentino).

Con una trayectoria extensa en el mundo académico y de la producción editorial, Fernández fue convocada por los integrantes de Fundación IDA, representada por Wustavo Quiroga, Marina Baima y Sebastián Rodríguez, para acompañarlos en la curaduría de las 31 pioneras del diseño. Para abordar este período embrionario se plantearon tres ejes disciplinares: producto industrial; gráfica y comunicación visual; y textil e indumentaria.

Sonia Maissa junto a sus paneles decorativos en los ’50. Gentileza Fundación IDA.

¿Cuál fue el criterio de selección entre tanto material de escuelas estéticas distintas y disciplinas diversas?

Partimos de la base de la recuperación de la memoria. En un principio resultaba muy fácil nombrar a las cinco diseñadoras destacadas. Pero hoy son más de 100. Arrancamos por el final de la fase de los años ‘90, antes de la digitalización, una decisión que nos permitió establecer un recorte. Si bien el armado es aleatorio, se fue construyendo un mapping que plantea los momentos históricos y las marcas donde se generaron las mayores gravitaciones de las personalidades. En los ‘60 el diseño comenzó a tener un status preciso, pero en las décadas anteriores no había tanta claridad.

¿Cuándo empieza a vislumbrarse el origen de las diseñadoras argentinas?

Con las mujeres tehuelches que habitaban como nómades la Patagonia argentina, de los Andes al Atlántico. Se ocupaban de la cría de los hijos, del cuidado de los enfermos, de procurar los alimentos que no fueran de origen animal, de cocinar, de mantener la toldería ordenada, pero, sobre todo, de armar y de desarmar los toldos. Este original sistema portable, que ellas mismas eran responsables de cargar durante los desplazamientos, no solo resolvía el habitar sino que reparaba de los vientos permanentes y agresivos de la meseta. Por dentro, graficaban los cueros para dar sentido a la casa bonita. Tomaban decisiones claves. Que no se caiga el toldo, que el cuero estuviera tensado. Desde esta perspectiva encontramos proyectistas en el inicio del territorio.

Si seguimos avanzando, en 1800, durante la construcción del Estado, las mujeres comienzan a ponerse en contacto con las imprentas para difundir sus ideas. Es el caso de Vriginia Bolten, por ejemplo, anarquista, feminista y directora del periódico La Voz de la Mujer. Entre pruebas de galera (versiones preliminares de las publicaciones) fue una de las que acompañó un proceso donde la necesidad del derecho estaba clarísima.

¿Podrías definir un hito entre las 31 pioneras de la exposición?

Entre los años ‘20 y ’30, Victoria Ocampo constituye una figura muy fuerte. No era diseñadora pero sí muy caprichosa. La escritora que fundó la revista literaria Sur, en 1931, bocetó de puño y letra el anteproyecto de las emblemáticas tapas. Tomó una decisión importante: borrar el mapa del continente americano y reemplazarlo por una flecha, con dirección al Sur. En ese momento, quienes dibujaban flechas eran Klee o Xul Solar. También aparecían en los cuadernos de la Bauhaus. Esa construcción que trae Victoria, con el color blanco en la tapa, introduce la vanguardia. Ya en 1934 se suma Grete Stern con la impronta de la Bauhaus en estado puro.

En tanto, en los ‘40, la posta la tomó la artista plástica Lidy Prati, pionera del concretismo. Lidy trabajó como pintora pero en su última fase, por problemas económicos, sobrevivió negociando con el diseño gráfico. Lo hizo con Amancio Williams, en la revista Mundo Argentino, también con Ernesto Sábato, en la publicación artística Lira. Esa fase protomoderna, en las décadas del ‘40 y ‘50, deriva en trabajos de diseñadoras fundamentados en la Bauhaus, la abstracción y el racionalismo y, como contraparte, en el pop y la psicodelia durante los ‘60. En los años ‘70, el diseño se profesionaliza, se amplía el campo del industrial y la práctica se «institucionaliza” con la participación en espacios legitimados como el CIDI (Centro de Investigaciones en Diseño Industrial).

Fanny Fingermann, del estudio Fototrama, durante la construcción del reloj temperativa del Banco Ciudad. Gentileza Fundación IDA.

¿A quién le traspasó este legado Lidy Prati?

El puente lo toma Lala Méndez Mosquera, co-creadora de Cícero Publicidad y de la revista de arquitectura Summa, que editó y dirigió durante 29 años. Lala fue pionera de la difusión de la disciplina en América Latina y vivió el concretismo a partir de Carlos Méndez Mosquera, arquitecto y figura clave en la difusión del diseño gráfico en el país. Lala toma como modelo la revista Ulm, de la Ulm School of Design, y esa impronta la lleva a Summa. Lo increíble es que sin conocerse ni haber tenido diálogo con Prati, Méndez Mosquera asume esa transferencia de información.

A partir de esta irrupción del diseño moderno, en los ’60 surge en paralelo el pop del Di Tella. En ese momento cobraba relevancia Ángela Vasallo, que representó el puente hacia los ’80 y ’90. Ángela fue la mujer que llevó la modernidad a otros espacios. Se atrevió al pop.

¿Cómo se construye hoy la matriz moderna?

En los ‘60 terminamos de ver a las viejas mujeres de la tribu que desde la colectiva Hay Futura (la instalación de la agrupación de diseñadoras también integra la muestra) nos enseñan que hay algo atrás. No hay futura si no hay historia. Tenemos que saber hacer un puente muy honesto, con fundamentos claros que permitan poner en valor el aporte de estas señoras.

La exposición plantea un puente interesante entre las pioneras y las nuevas generaciones. ¿Cómo evalúa el desempeño de este semillero?

Las nuevas diseñadoras todavía trabajan a ritmo de presente, sin memoria. Pero hay que mirar para atrás, siempre. Yo les digo: “Tranquilas, cuando miren hacia atrás encontrarán soporte”.

Lucrecia Moyano en la fábrica de vidrios Rigolleau. Gentileza Fundación IDA.

¿Hay indicios de los movimientos sociales en las piezas de las mujeres pioneras? Es el ADN de las nuevas generaciones.

Las pioneras del diseño no estaban en ese contexto. El diseño acompañaba, no podía estar haciendo revoluciones. En los ’70 van por más. No tenían porqué ser rebeldes. La rebeldía era el fondo, el color blanco. La rebeldía era anular la figura.

¿Cuáles son las huellas feministas que se identifican?

Ellas nos representan en discreción y detalle. Toda su producción es femenina. Porque tenían hijos, se ocupaban de sus casas, se ponían a la par del colega o marido para llevar el proyecto adelante. Fueron capaces de cuidar, de proyectar y construir. No tenían la necesidad de la autoría. Ese es el feminismo de los ‘60. La mujer siempre estuvo allí, aunque el ideario masculino la invisibilizara, menospreciando sus aportes y considerando tan obvia la necesidad de reconocimiento que ni siquiera la mencionaba. Esta muestra es un homenaje a las pioneras que ayudaron a construir, de una manera femenina y singular el imaginario de símbolos y de productos materiales del diseño argentino.

Matrices. Mujeres del Diseño. Capítulo I: Origen y Activismo se puede ver en las salas 504 y 505 del Centro Cultural Kirchner, Sarmiento 151, hasta el 19 de abril. De miércoles a domingos, de 13 a 20 hs. Entrada libre.