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Literatura

Luis Chitarroni, crítico de rock: las páginas perdidas


Por Pablo Strozza

Rescatadas del olvido por Diego Zappa y Guillermo Piro de Hiperbórea Editores, once notas y veinticinco reseñas escritas entre 1981 y 1983 revelan al joven Luis Chitarroni en plena formación: un lector voraz de la cultura pop y un crítico capaz de convertir cualquier disco en una pieza literaria.

 

Un empleo en una revista bien de nicho en la cual, además de traducir catálogos de equipos de música, tener la libertad de escribir todo lo que quisiera sobre rock para llenar páginas en blanco y así engordar el contenido de la publicación. Entre 1981 y 1983, en paralelo con un puesto de empleado administrativo en el Conservatorio Nacional de Música, un joven Luis Chitarroni (1958-2023) consiguió lo que décadas después consideró como el trabajo mejor pago de su vida: un puesto multifunción en Audio Universal. Un empleo soñado, que duró lo que un suspiro.

Esos escritos de Chitarroni se creían perdidos en la bruma del pasado y el olvido. Hiperbórea Editores logró recuperar once notas y veinticinco reseñas discográficas escritas por Luis. Eso, sumado a tres notas aparecidas en los años 90 en Esculpiendo Milagros, dieron lugar a Notas y reseñas sobre rock, el segundo libro póstumo del autor de Peripecias del no, tras la salida, también este año, de La ceremonia del desdén (Editorial Mardulce), su imperdible análisis del imprescindible Borges de Adolfo Bioy Casares.

Al leer por primera vez estos textos, y mucho más al releerlos, asombra la madurez de la escritura de un muchacho de veintipico de años como lo era Chitarroni en ese momento. Podemos dividir el volumen en tres grandes conjuntos más una yapa final. En la primera parte, Luis comienza a esbozar el estilo que después presentaría revisado y pulido hasta el infinito en Siluetas (1992), sus perfiles de escritores existentes e imaginados que aparecieron originalmente la mítica revista Babel. Los casos de Elton John (“De Goodbye Yellow Brick Road, la nostálgica, levemente irónica despedida de su antigua grabadora, a The Fox, hay tantas cosas para decir que uno necesitaría la capacidad y la velocidad de Elton John y Bernie Taupin para resolverlo rápidamente”) y Joni Mitchell (“Con Hejira retorna la melancolía (…) Esa mujer demasiado hermosa que aparece en la tapa con una boina ladeada es casi una máscara”) son ejemplares al respecto: el lector entrenado en la cultura pop conoce de sobra los detalles más ínfimos de sus biografías, pero siempre aparece una vuelta de tuerca, ya sea como dato o como marca de estilo, que hace que la sorpresa vaya acompañada por una sonrisa y por uno de esos reproches cariñosos que les solemos hacer a aquellos que admiramos. Puede aparecer alguna fotografía muy fechada (Vangelis) pero el estilo y el contexto actúan como un buen amnésico.

La segunda son las reseñas de álbumes. Hay un entusiasmo contagioso al hablar tanto de Discipline y Beat de King Crimson como del hoy olvidado I Advance Masked de Robert Fripp y Andy Summers. Y también hay un vaticinio sobre los Rolling Stones a propósito de Tattoo You (1981) que bien pudo haber sido escrito antes de ayer (“Pasarán los años, recrudecerán las crisis, los integrantes de los grupos de rock volverán a usar el pelo largo y los Rolling Stones editarán otro disco. Nada de profecía: futuro previsible”). No faltan los palos a The B-52’s y The Human League, y el esperado deslumbramiento final ante el Tug of War de Paul McCartney.

El tercer apartado agrupa tres notas largas, como ya se dijo, publicadas en Esculpiendo Milagros, dedicadas a Julian Cope, John Cale y Brian Wilson. La primera y la última están firmadas a medias con su amigo Daniel H. Renne, y ya podemos disfrutar del escritor consumado que muchos leímos y embelesamos en sus ficciones o en sus ensayos. Tomemos, por ejemplo, esta frase sobre John Cale: “El músico por antonomasia de Velvet Underground no es, como Frank Zappa, un repertorista. El héroe oculto del grupo mítico reina en un espacio menos rico y menos limitado que el que domina a su ex socio Lou Reed. A este lo cercan los fantasmas isabelinos que riman sus metáforas en la oscuridad de un idioma que no necesita acompañamiento musical para atenuar un silencio igualmente elocuente; lo empobrecen sólo los lugares comunes de una experiencia que suele encontrar sus rimas mientras el dealer no está”.

El bonus track viene de la mano del comentario de los libros Awopbopaloobop Alopbamboom y Ball The Wall de su admirado Nik Cohn, uno de los padres fundadores de la crítica de rock e inspirador de Saturday Night Fever; y una nota para Audio Universal donde entrevista con una erudición inesperada a los integrantes del conjunto de folklore vocal Opus Cuatro. Este texto puede ser visto como el equivalente a la famosa reseña que Lester Bangs hizo sobre los Comedian Harmonists, un grupo vocal judío alemán que supo brillar en la Europa de la primera mitad del Siglo XX entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Sin ninguna duda, Luis Chitarroni no aprobaría esta comparación.

 

Foto portada gentileza Hiperbórea Editores