CINE: El cine de Wim Wenders

Ciclo "El cine de Wim Wenders" / Gentileza: Agustina Díaz - Prensa CTBA

El cine de Wim Wenders llega a la Sala
Leopoldo Lugones
Se verán diez de sus películas más reconocidas en copias restauradas.
Del jueves 15 al viernes 30 de octubre se llevará a cabo en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín (Av. Corrientes 1530) un ciclo denominado En las rutas de Wim Wenders, que se realiza en el marco de la edición número 22 del Encuentro de Cine Europeo en Argentina.
El programa está integrado por diez películas del reconocido director alemán, que proponen un recorrido por algunas de las obras más emblemáticas de su filmografía, en su mayoría en copias 4K recientemente restauradas.
El ciclo está organizado por el Complejo Teatral de Buenos Aires, dependiente del Ministerio de Cultura de la Ciudad, junto con la
Delegación de la Unión Europea en Argentina, la Embajada de Alemania en Argentina, el Goethe-Institut Buenos Aires y Fundación Cinemateca Argentina.
“Wim Wenders nació en suelo alemán el año en que la guerra de Hitler llegaba a su fin y comenzaba el duro proceso de reconstrucción económica y rendición de culpas políticas. La presencia norteamericana, física y espiritual, en la Alemania Federal de entonces marcó sus inicios en el cine y en la crítica y junto a otros jóvenes de su generación, como Rainer W. Fassbinder y Werner Herzog ayudó a despuntar el llamado Nuevo Cine Alemán, un poco heredero de la renovación que promovían las vanguardias cinematográficas en toda Europa desde
el neorrealismo italiano. Como un Jano moderno, su mirada hacia EE. UU. se hizo presente ya en sus primeros largometrajes de principios de los 70, donde esa fantasía capitalista, fuente de angustia y deseo, se hacía parte de un imaginario etéreo y casi indescifrable, pero no menos fascinante. Imágenes fotográficas y televisivas de ese ensueño pueblan las películas de esa década como una obsesión punzante, que condiciona el movimiento de sus personajes, a menudo itinerantes.
Más tarde llegaría su etapa más prolífica y conflictiva, ya en el corazón de Hollywood, en una era en la que los códigos del cine clásico parecían regresar de a poco, seducidos por una industria que necesitaba del pasado para poder mirar hacia el futuro”. (Paula Vázquez Prieto, Página/12, febrero 2013).

La agenda completa del ciclo es la siguiente:

Jueves 15
Las alas del deseo

(Der Himmel über Berlin; República Federal de Alemania/Reino Unido/Francia, 1987)
Dirección: Wim Wenders
Con Bruno Ganz, Peter Falk, Solveig Dommartin

Dos ángeles sobrevuelan Berlín, ciudad dividida por el ‘muro de la vergüenza’. Testigos impotentes que no pueden cambiar el curso de
los acontecimientos sienten una gran compasión por los seres humanos. Uno de ellos, decidido a conocer los sentimientos de los
mortales, se enamorará de una joven trapecista.
“Al principio no es posible describir nada más allá de un anhelo o un deseo. Así es cómo se empieza a realizar un film, a escribir un libro, a pintar un cuadro, a componer una melodía, a crear algo. Uno tiene un anhelo. Uno desea que algo exista y entonces trabaja en eso hasta que eso existe. Uno quiere ofrecer algo al mundo, algo más verdadero, más hermoso, más esmerado, más útil, o simplemente algo diferente de aquello que existe. Y ya desde el principio, junto con el deseo, uno se imagina cómo debería ser ese ‘algo diferente’ o, al
menos, puede verlo brillar. Entonces uno se pone en marcha hacia ese brillo, con la esperanza de no perder la orientación, u olvidarse o traicionar el deseo original. Y al final uno tiene una imagen o imágenes de algo; uno tiene una música, o algo que funciona de una manera nueva, o una historia, o esa extraordinaria combinación de todas estas cosas: un film. Lo que yo deseé y lo que vi brillar fue un
film en y sobre Berlín”. (Wim Wenders).
“Lo que más llama la atención en Las alas del deseo es su capacidad para involucrarse con los personajes precisamente cuando toda su
estrategia consiste en diagramar un punto de vista exterior. La cámara de Las alas del deseo se caracteriza no tanto por su punto de vista
alado o por su ubicuidad sino, sobre todo, por su transparencia y espesor a la vez. Si los ángeles no ocupan espacio pero poseen densidad, esa densidad es, al mismo tiempo, un fluido que recorre los objetos. (...) Pocas veces la melancolía resultó tan dulce como en la
interpretación de Bruno Ganz. Wenders presenta la adquisición del conocimiento en los ángeles por analogía con el aprendizaje en los niños. Sin embargo, sabe conducirse sutilmente sobre el límite que separa la vivaz ingenuidad en el niño del anhelo de vida de un ángel.
Las imágenes de la primera travesía de los sentidos y el perplejo regocijo del hombre recién nacido son uno de los grandes momentos
del cine de los últimos años. La mirada del arcángel Wenders el patrono de los solitarios– posee el don de sentir junto a sus personajes". (David Oubiña, Wim Wenders. El Amante Colección Directores).
A las 20.30 horas (127’; DCP).

Viernes 16
El miedo del arquero al tiro penal

(Die Angst des Tormanns beim Elfmeter; República Federal de Alemania/Austria, 1972)
Dirección: Wim Wenders
Con Arthur Brauss, Kai Fischer, Erika Pluhar
Un arquero de fútbol pierde súbitamente la concentración en medio de un partido y es expulsado del juego. Confundido, vaga por la ciudad
sin saber dónde ir y termina realizando acciones sin mucha explicación ni sentido. Conquista a la boletera de un cine y sin mediar
razón alguna, la estrangula.
“El miedo del arquero al tiro penal le debe mucho a Hitchcock, más que ningún otro de mis films. Hitchcock también fue una inspiración para el libro de Peter Handke. Para la toma en que Bloch se despierta y ve su chaqueta colgando de una silla, usé la misma técnica que
Hitchcock en el famoso plano de la torre en Vértigo; la cámara hace un travelling hacia adelante y simultáneamente un zoom hacia atrás.
De la misma manera, la anciana que observa a Bloch en el ómnibus está sacada de La dama desaparece”. (Wim Wenders)
“Esta peculiar pero conmovedora película de Wim Wenders es una pequeña joya de tono melancólico, adaptada de la novela de Peter
Handke. Si bien el director ha afirmado haberse inspirado en Hitchcock, el resultado tiene más en común con la frialdad y las emociones glaciales del cine de Claude Chabrol". (Amber Wilkinson, Eye for Film).
A las 18 horas (101'; DCP).

El amigo americano
(Der Amerikanische Freund; República Federal de Alemania/Francia, 1977)
Dirección: Wim Wenders
Con Bruno Ganz, Dennis Hopper, Lisa Kreuzer

El enigmático norteamericano Tom Ripley intenta poner a prueba la integridad de Jonathan Zimmermann, un humilde fabricante de
marcos que padece una enfermedad terminal. Ripley le presenta a un gánster que le ofrece mucho dinero a cambio de que Jonathan trabaje
para él como asesino a sueldo. En un principio rechaza la oferta, pero, al pensar en el precario futuro que espera a su mujer y a su hijo,
acaba aceptando el trato. Adaptación de la novela El juego de Ripley, de Patricia Highsmith.
“Desde la primera vez que leí el libro de Highsmith, había algo que me incomodaba acerca de la aparición de la mafia. Traté de hacer que su
presencia me resultara más comprensible, cambiando sus negocios de casinos por films porno. Al menos podía imaginar eso, y además
conocía algo sobre productores y distribuidores. Esa es también la razón por la cual los gánsteres en El amigo americano son
interpretados por directores de cine: son los únicos canallas que conozco y los únicos que toman decisiones de vida o muerte con la
misma liviandad que la mafia”. (Wim Wenders)
“Con este film, Wenders abreva en uno de los géneros más sólidos del cine norteamericano. Se incorpora de lleno en un relato de
crímenes que lo lleva a su América soñada hasta la alucinación, de la mano de íconos como Hopper (Dennis) –que aunando la doble
pertenencia cine-rock, era ya a esa altura el hombre que definitivamente perdió su destino–, Sam Fuller y Nicholas Ray. Viejos
bribones, amigos americanos de Wim Wenders. La película manifiesta una problemática inclusión en el policial negro –como también sucede
con la literatura de Highsmith, hay que reconocerlo, aunque por otras razones–; El amigo americano difiere de la serie negra por la falta de sospechabilidad de sus personajes, dotados de una curiosa benevolencia, partícipes de una violencia que no les pertenece o
grotescamente peligrosos. El perverso Ripley de la Highsmith es aquí a lo sumo equívoco, obsesionado por la angustia que trata de
testimoniar en un diario oral y la busca de una identidad que inútilmente pretende retratar con una Polaroid”. (Eduardo A. Russo,
Wim Wenders.

El Amante Colección Directores).
A las 20.30 horas (127'; DCP).

Sábado 17
Hasta el fin del mundo (Versión del director)

(Bis ans Ende der Welt; Alemania/Francia/Australia, 1991)
Dirección: Wim Wenders
Con William Hurt, Solveig Dommartin, Sam Neill, Jeanne Moreau

Año 1999. Mientras conduce, una mujer choca con el automóvil de unos delincuentes que acaban de atracar un banco y que la obligan a
colaborar con ellos en el traslado del dinero a un lugar de París. En el trayecto, conoce a Sam, un fugitivo perseguido por la CIA, que le
explica que los delitos que le imputan son falsos y que lo que en realidad quieren es arrebatarle un invento de su padre que permite
revisar los sueños.
“Luego del éxito de Paris, Texas y Las alas del deseo, Wenders finalmente tuvo la influencia necesaria para realizar su épica road
movie, que contaba con numerosos elementos intrigantes: un guion escrito por él y el novelista australiano Peter Carey (el cineasta
Michael Almereyda aparentemente también contribuyó con un borrador inicial). Un reparto que incluía a varias caras conocidas. Un presupuesto de 23 millones de dólares. Un calendario de rodaje que abarcaría quince ciudades en siete países de cuatro continentes
(llevaría consigo un equipo técnico principal y luego contrataría equipos locales para rodar en los distintos países). Además, Wenders
disponía de una versión temprana de video de alta definición (...) Cuando Hasta el fin del mundo se estrenó en 1991, fue una notable
decepción tanto para la crítica como para el público. Aunque la película duraba unos generosos 179 minutos, pronto se corrió la voz
de que se trataba de una versión que Wenders había editado para cumplir con sus obligaciones contractuales, y que su montaje original
supuestamente duraba ocho horas completas. De hecho, continuó trabajando en la película tras su fallido estreno en cines, llegando finalmente a una versión de 288 minutos. (...) Como ocurre con cualquier película ambientada en un futuro que ahora forma parte de
nuestro pasado, existe la tentación de analizar Hasta el fin del mundo para ver cuán acertada o desacertada fue su predicción de lo que
estaba por venir: si bien la idea de una Europa unificada no parece especialmente extraña hoy en día, la película se estrenó un par de
años antes de la creación formal de la Unión Europea. La visión de la película sobre el cambio de milenio, con todo siendo arrasado por una
tecnología descontrolada, resonará en cualquiera que recuerde el sinsentido del efecto 2000. Algunos de los avances tecnológicos que
se muestran resultaron ser sorprendentemente premonitorios, desde personas que utilizaban pantallas tipo tablet hasta automóviles con sistemas de navegación GPS, entonces desconocidos. Lo más extraño de todo es que el segmento final de la película, en el que los
personajes se obsesionan con sus propios sueños y pasan todo el tiempo mirando fijamente sus dispositivos personales para verse cada vez más, sirve como una prefiguración extrañamente acertada de la cultura actual obsesionada con las selfies”. (Peter Sobczynski).
Se exhibe con un intervalo de 10 minutos.

A las 14.30 horas (288’; DCP).
Paris, Texas
(EE. UU/República Federal de Alemania/Francia/Reino Unido, 1984)
Dirección: Wim Wenders

Con Harry Dean Stanton, Nastassja Kinski, Hunter Carson Un hombre camina por el desierto de Texas sin recordar quién es. Su
hermano lo busca e intenta que recuerde cómo era su vida cuatro años antes, cuando abandonó a su mujer y a su hijo. A medida que va
recuperando la memoria y se relaciona con personas de su pasado, se plantea la necesidad de rehacer su vida.
“En realidad, yo iba a hacer un film mucho más complejo, porque originalmente había planeado viajar por toda América. Tenía en mente ir a Alaska y después al Medio Oeste y cruzar California y finalmente bajar hasta Texas. Una ruta en zigzag alrededor de América. Pero mi
guionista, Sam Shepard, me convenció de que no lo hiciera. Dijo: ‘para qué todo ese zigzagueo. Podés encontrar toda América en el estado de Texas’. Viajé por Texas durante un par de meses y me di cuenta de que él tenía razón. Todo lo que yo quería estaba allí, en Texas: América en miniatura". (Wim Wenders).
“Road movie, western, melodrama familiar. Puntos de encuentro, lugares de cruce entre Wenders y el autor del guion, Sam Shepard, que en sus textos (en Crónicas de motel, notoriamente) vuelve una y otra vez sobre esos mismos parajes. Si en Hammett, su anterior intento de ‘film americano’, Wenders se había visto empequeñecido bajo la sombra de un Dios Padre, un godfather llamado Coppola, ahora, liberado de rígidas condiciones de producción y guiones de hierro, hallaba a su verdadero amigo americano, a un compañero de ruta. De la fricción entre un narrador americano proclive a la contemplación y un contemplativo europeo fascinado por las narraciones surge Paris, Texas y su equilibrio delicadísimo, casi milagroso, entre la historia y las imágenes, entre la reflexividad y la emoción, entre el tiempo ‘fuerte’ y el tiempo muerto. (...) Si a ello le sumamos la guitarra slide de un Ry Cooder más lírico que nunca, y al director de fotografía Robby Müller, capaz de convertir el neón en desazón, tenemos Paris, Texas, lo mejor de ambos mundos”. (Horacio Bernades, Wim Wenders. El Amante Colección Directores).
A las 20.30 horas (148'; DCP).

Domingo 18
Buena Vista Social Club

(EE. UU./Alemania/Cuba/Francia, 1999)
Dirección: Wim Wenders
Con un pequeño equipo, Wim Wenders acompañó a su amigo Ry Cooder a La Habana para grabar un álbum con Ibrahim Ferrer y los
músicos que habían colaborado en el disco Buena Vista Social Club (conocidos en Cuba como los Super-abuelos). El documental resultante de Wenders sigue a los músicos cubanos, desde su olvido hasta su éxito global, capturando el regreso a los escenarios. “Wenders concretó un film notable, costumbrista, cálido, gracioso y lleno de buenas canciones, algo que no les resulta difícil entregar a los personajes centrales de la historia. Los venerables Compay Segundo, Ibrahim Ferrer, Ruben González, Orlando López Vergara,

Omara Portuondo y Elíades Ochoa son las estrellas de la película y por eso cada uno de ellos merece un segmento especial, en donde
cuentan algo de sus vidas y se muestran tal cual son, en una plaza, en sus casas, en una estación de trenes, en una calle de La Habana
vieja. Con eso basta: cada locación elegida por el director de Paris, Texas y Las alas del deseo tiene la impronta románticamente
decadente de la capital cubana y no necesita de ningún artificio escenográfico. Es así. Como los músicos que van apareciendo, alternando con imágenes de las presentaciones en vivo del disco registradas en Ámsterdam y Nueva York, respectivamente y una serie de postales vivas que Wenders filmó en un sidecar, ya desusado en el resto de Occidente, por las polvorientas calles de la ciudad.
Impera, entonces, inevitablemente, una mirada de extranjero que se recrea con perros callejeros, paredes descascaradas, señoras mayores fumando tremendos habanos, gente ensardinada en los famosos ‘camellos’ –una suerte de colectivos montados sobre un acoplado de camión, único transporte público de la ciudad– y negritos jugando pelota (béisbol, el deporte nacional) en las plazas. ‘Para la cámara de cine, algo tan triste como esa destrucción es atractivo’, dijo Wenders intentando explicar el porqué de la mirada sobre la decadencia. Todo al ritmo de las canciones que ahora recorren el mundo y que han provocado uno de los casos más fascinantes de renacimiento artístico que se hayan producido en este siglo”. (Esteban Pintos, Página/12, noviembre 1999).
A las 21 horas (105'; DCP).

Martes 20 Buena Vista Social Club
(EE. UU./Alemania/Cuba/Francia, 1999)
Dirección: Wim Wenders

A las 18 horas (105'; DCP).

Alicia en las ciudades
(Alice in den Städten; República Federal de Alemania, 1974)
Dirección: Wim Wenders
Con Rüdiger Vogler, Yella Rottländer, Lisa Kreuzer
El periodista Phil Winter inicia un viaje de carretera con la joven Alice. A través de esa travesía, exploran el autodescubrimiento y la
conexión humana. Alicia en las ciudades marca el inicio de la icónica ‘Trilogía de la carretera’ de Wenders, que continúa con Movimiento
falso (1975) y En el curso del tiempo (1976).
“La filmación de La letra escarlata (1973) fue un infierno, pero había en esa película una breve escena entre Rüdiger Vogler y la pequeña
Yella Rottländer, un momento precioso, donde pensé que si el film hubiera sido todo así habría resultado una bendición. Después,
durante el montaje, escuché ‘Memphis’, de Chuck Berry. La mayor parte de la canción, la letra da la impresión de referirse a una mujer,
pero al final uno se entera de que está hablando de una nena de seis años. Entonces pensé: esa escena con Rüdiger y la pequeña Yella
junto a esta canción harían un film. Así fue como nació Alicia en las ciudades”. (Wim Wenders).
“Con diez años de diferencia, Alicia en las ciudades y Paris, Texas recrean el dilema en el que vive el cine de Wenders, entre el poder
expresivo de las imágenes –y su relación ambigua con el tiempo y el recuerdo– y la exigencia de un relato que conduzca a sus criaturas en
esa travesía que se hace tan caprichosa como indispensable. Ambas historias marcadas por mujeres que desaparecen, cuya ausencia define itinerarios erráticos e impredecibles, viajes sin destino fijo que despiertan el murmullo sordo del autoconocimiento y la liberación. En
Alicia en las ciudades, Phil desea regresar a Alemania luego de un frustrante viaje a lo largo de EE. UU. que lo dejó desconcertado, sin
ideas ni inspiración para sus escritos. Sólo una serie de fotografías son testimonio de ese recorrido hasta que, cuando se prepara para la
partida, Alicia irrumpe en su vida. Como un ángel solitario y perdido, Alicia, de tan sólo 9 años, lo reencuentra con sus propios anhelos y
temores, lo conduce por distintas ciudades europeas en un regreso a su origen, a aquello que parecía olvidado. Pero detrás de ese hilo
dramático, lo que verdaderamente propone Wenders, desde un lacónico blanco y negro, es la intromisión del espectador en ese
vínculo curioso y mágico que nace entre Phil y Alicia –que podría ser de padre e hija, pero no lo son–; un vínculo que atraviesa todos los
estados de ánimo, desde la complicidad hasta el enojo, que se hace único en esos ojos infantiles trajinados por las lágrimas de la soledad
y el desconsuelo. Alicia es para Wenders la inocencia de una Alemania que ya no existe, que sólo queda en su recuerdo de eterno
niño que quiere mirar hacia adelante, pero que no puede despegar la vista de aquello que anida al inicio de su camino”. (Paula Vázquez
Prieto, Página/12, febrero 2013).
A las 21 horas (110'; DCP).

Miércoles 21
El estado de las cosas

(Der Stand der Dinge; República Federal de Alemania/EE.
UU./Portugal, 1982)
Dirección: Wim Wenders
Con Patrick Bauchau, Allen Garfield, Isabelle Weingarten, Sam Fuller
Un equipo de cine rueda, en Portugal, una remake de un viejo film de ciencia ficción sobre un holocausto nuclear. Pero pronto surgen problemas: primero se acaba el rollo de película y después desaparece el productor. El director, desesperado, empieza a temer
que nunca terminará la película.
“Wenders sabe sacar partido inmediatamente del ‘estado de las cosas’ en Portugal. Aprovecha un equipo ya constituido (a grandes rasgos, el de Raúl Ruiz, que acaba de rodar El territorio, un film B relámpago y caníbal, fotografiado por Henri Alekan y coproducido por Roger Corman), para lanzarse, ex abrupto, a un film que será –por adelantado– la crítica y el comentario de su Hammett interrumpido.
Quiere decir que, de nuevo, Wenders ha dejado de estar allí donde se esperaba que estuviera. Les gana en velocidad a todos (incluso a sí
mismo). Guionistas improvisados (entre ellos, Robert Kramer) le pergeñan a Wenders una historia mínima. La más barata de todas: la del film-en-curso-de-hacerse y que se nutre del rodaje mismo, en la tradición de El desprecio de Godard. Una ficción-vampiro. Una ficción-Dubonnet. En el film, Wim Wenders se convierte en Friedrich (Patrick Bauchau), un cineasta alemán que rueda en Portugal una remake no muy cara del film de Allan Dwan Most Dangerous Man

Alive (1961) (...) Antes de Wenders, había historias verdaderas, la de Alemania, por ejemplo. Pero hoy es difícil hacer ‘prender’ una historia porque parecería que todas ya tuvieron lugar: queda sólo la Historia del Cine. El cineasta es el eterno retardatario, aquel que viene casi demasiado tarde, cuando ya todo se urdió sin él –y quizás en contra de él–, cuando ya sólo queda testimoniar ‘el estado de las cosas’. Y es que este título genial define todo el cine de Wenders: una sensibilidad meteorológica, el sentido de lo que ‘podría’ ocurrir en cada instante, en el filo del tiempo”. (Serge Daney, Cine, arte del presente).
Al término de la proyección se llevará a cabo un conversatorio con el crítico cinematográfico Diego Lerer.
A las 17.30 horas (121'; DCP).

El miedo del arquero al tiro penal
(Die Angst des Tormanns beim Elfmeter; República Federal de
Alemania/Austria, 1972)
Dirección: Wim Wenders
Con Arthur Brauss, Kai Fischer, Erika Pluhar
A las 21 horas (101'; DCP).

Jueves 22
El amigo americano

(Der Amerikanische Freund; República Federal de Alemania/Francia, 1977)
Dirección: Wim Wenders
Con Bruno Ganz, Dennis Hopper, Lisa Kreuzer
A las 17 horas (127'; DCP).

En el curso del tiempo
(Im Lauf der Zeit; República Federal de Alemania, 1976)
Dirección: Wim Wenders
Con Rüdiger Vogler, Hanns Zischler, Lisa Kreuzer
Un reparador de proyectores y un psicólogo atormentado viajan a lo largo de la frontera interior de Alemania. Su amistad creciente y las
experiencias compartidas forman el núcleo de esta extraordinaria película de carretera.
“Durante el rodaje de Movimiento falso (1975), encontré locaciones que no podía usar porque la historia no las requería. Entonces decidí
que mi próximo proyecto sería un film de viaje en donde pudiera incluir todo lo que me gustara y en donde tuviera la libertad de
inventar el relato –literalmente– a medida que avanzáramos. Un film que pudiera cambiar totalmente aun cuando estuviéramos en la mitad
del rodaje. No había guion, lo cual era exactamente lo que yo pretendía”. (Wim Wenders)
“Film de viaje interior y exterior, En el curso del tiempo, junto a Alicia en las ciudades, resulta el mayor acto de libertad creativa del director.
Uno de los mejores films de Wenders, en apariencias sin historia y con dos personajes transitando un recorrido introspectivo al pasado,
también se destaca por su arriesgada elección formal. Obra clave en los 70, sorprende la capacidad de Wenders al jugarse por los tiempos
muertos y por la rigurosidad de una puesta que en varios pasajes remite a la gran La mujer codiciada (1952) de Nicholas Ray. Película fundamental para desentrañar las influencias de Jim Jarmusch en

Extraños en el paraíso (1984) y Bajo el peso de la ley (1986), En el curso del tiempo es el homenaje de Wenders al cine norteamericano
con citas implícitas y explícitas, íconos representativos de la tradición narrativa y escenas que muestran la agonía de viejas y pequeñas
salas de pueblitos aislados”. (Gustavo J. Castagna, Wim Wenders. El Amante Colección Directores).
A las 20 horas (176'; DCP).

Viernes 23
Alicia en las ciudades

(Alice in den Städten; República Federal de Alemania, 1974)
Dirección: Wim Wenders Con Rüdiger Vogler, Yella Rottländer, Lisa Kreuzer
Al término de la proyección se llevará a cabo un conversatorio con el periodista cultural y crítico Javier Diz.
A las 17.30 horas (110'; DCP).

Tokyo-Ga
(República Federal de Alemania/EE. UU., 1985)
Dirección: Wim Wenders
Wenders viaja a Tokio en busca del legado de Yasujiro Ozu, uno de los grandes maestros del cine japonés. Fascinado por la capacidad de
Ozu para retratar la humanidad en su esencia más pura, Wenders explora si algo de su obra aún permanece en la ciudad, veinte años
después de su muerte. Pero el realizador alemán no se limita a reflejar lo que inspiró a Ozu, sino también a radiografiar un país en
continua metamorfosis.
“Las películas de Ozu, tan japonesas, son al mismo tiempo universales. He podido reconocer en ellas a todas las familias del mundo entero y también a mi propia familia. Para mí, el cine no ha estado nunca, ni antes ni después de Ozu, tan cerca de su destino y
de su misión: ofrecer una imagen del hombre del siglo XX, una imagen útil, verdadera, en la que el ser humano no sólo pueda reconocerse sino ante todo que le permita aprender algo sobre su propio ser” (Wim Wenders).
“Hay un ideograma japonés denominado tokonoma que designa a una estructura arquitectónica donde se atesora un aura. Algo que no se ve, pero está allí. Tokyo-Ga es el tokonoma que Wenders construye para Ozu, para que en su interior, y por ausencia, Ozu, su mirada, se ilumine. Como siempre en Wenders se trata de una búsqueda, de la fascinación por una ciudad extranjera, y de una imposibilidad: la de resucitar una visión irrepetible, inimitable; reencontrar la imagen pura de una ciudad que ya no existe, que tal vez nunca existió. El Tokio de Wenders es el Tokio que Ozu no alcanzó a retratar; el futuro que pudo entrever en sus últimos films. (...) Tres momentos bien diferenciados se suceden en el documental: en el principio y el final secuencias de Historia en Tokio (1953) toman el relevo de lo que ya no puede
encontrarse, limitan la búsqueda que Wenders emprende por la ciudad cruzándose con otros buscadores: Chris Marker, que viene de
filmar Sans soleil, y Werner Herzog (...) La otra parte la componen los testimonios de Chishu Ryu –actor de casi todos los films de Ozu– y
Yuharu Atsuta, camarógrafo, asistente de dirección e iluminador a través de toda su filmografía. Son estos los momentos en que la
mirada de Wenders se orientaliza y recoge con agradecimiento la propia gratitud de estos colaboradores, que se han mimetizado tanto
con el universo de su maestro, que parecen criaturas soñadas por el mismo Ozu". (Alejandro Ricagno, Wim Wenders. El Amante Colección
Directores).
A las 21 horas (92'; DCP).

Sábado 24

Las alas del deseo
(Der Himmel über Berlin; República Federal de Alemania/Reino
Unido/Francia, 1987)
Dirección: Wim Wenders
Con Bruno Ganz, Peter Falk, Solveig Dommartin
A las 17 horas (127’; DCP).

En el curso del tiempo
(Im Lauf der Zeit; República Federal de Alemania, 1976)
Dirección: Wim Wenders
Con Rüdiger Vogler, Hanns Zischler, Lisa Kreuzer
A las 20 horas (176'; DCP).

Domingo 25
Tokyo-Ga
(República Federal de Alemania/EE. UU., 1985)
Dirección: Wim Wenders
A las 15 horas (92'; DCP).

Paris, Texas
(EE. UU./República Federal de Alemania/ Francia/Reino Unido, 1984)
Dirección: Wim Wenders
Con Harry Dean Stanton, Nastassja Kinski, Hunter Carson
A las 17.30 horas (148'; DCP).

El estado de las cosas
(Der Stand der Dinge; República Federal de Alemania/EE.
UU./Portugal, 1982)
Dirección: Wim Wenders
A las 21 horas (121'; DCP).

Viernes 30

Hasta el fin del mundo (Versión del director)
(Bis ans Ende der Welt; Alemania/Francia/Australia, 1991)
Dirección: Wim Wenders
Con William Hurt, Solveig Dommartin, Sam Neill, Jeanne Moreau
Se exhibe con un intervalo de 10 minutos
A las 18 horas (288’; DCP).

Sala Leopoldo Lugones
Teatro San Martín
Av. Corrientes 1530, CABA