Portrait

INÉS BONADEO: LA ALQUIMIA DE LA MATERIA

Desde la joyería hasta la iluminación y el objeto escultórico, Inés Bonadeo entiende el metal como una materia viva. A través del fuego, la fundición y una observación atenta de la naturaleza, su práctica desdibuja los límites del oficio y cada creación condensa tiempo, memoria y transformación.

Por Facundo Cancro

08.09.2026

El universo creativo de Inés Bonadeo no se compone sólo de metales como alpaca, bronce, plata, oro o cobre, sino también de fragmentos de la naturaleza, experiencias y sucesos que atraviesan su día a día.

Su taller abarca desde pequeñas creaciones como anillos, aros, collares y tocados, aumentando la escala a armaduras, bolsos, cinturones y objetos escultóricos en un sin fin de formatos. Cada una de las producciones vive un proceso material minucioso donde interviene el fuego, el martillado, el forjado y lo pulido, hasta que finalmente toman forma.

El universo de Inés Bonadeo cruza metales, fragmentos de la naturaleza y experiencias cotidianas en piezas que van de la joyería a la escultura, atravesadas por el fuego, el forjado y el trabajo manual. Gentileza Inés Bonadeo. 

“Particularmente me gusta mucho lo que genera el fuego, porque lo que permite es ablandar el metal y ese elemento vuelve a tener una cualidad muy maleable que logra generar óxidos muy interesantes en colores medio verdes y azulados que vuelven original la pieza.”, relata la joyera sobre su saber hacer, que se sostiene respetando los procesos del oficio y con una mirada alquimista que le permite combinar y generar situaciones con la materia.

También, trabaja el proceso de fundición a la cera perdida, que le permite detener plantas, hojas y ramas de su evolución natural y congelarlas en metal. “Me gusta hablar de detener, de capsular”, detalla.

El tiempo de producción de cada creación no es lineal. Algunos objetos se resuelven de forma rápida a partir de un boceto; otros, como las que se realizan para sus colecciones, llevan horas o incluso días de trabajo.

Estructuras se expanden sobre el cuerpo y recuperan imaginarios de la historia y el oficio: armaduras, pecheras forjadas y piezas entrelazadas, junto al diseñador Carlos Molina. Gentileza Inés Bonadeo. 

Para Cazadoras recolectoras, la propuesta ganadora del concurso Revelaciones de moda 2025, la diseñadora recurrió a un repertorio material que estaba disponible en su espacio para imaginar a los personajes que caminaban en pasarela. “Teníamos caracoles, colmillos, huesos, piedras, cortezas y armamos toda esa historia con esos elementos, inclusive el metal también usamos el que teníamos disponible.”, explica Bonadeo.

Con Urdimbre, el desfile que se presentó en el marco de Designers 2025 junto al diseñador Carlos Molina, los dispositivos se volvieron más fuertes y visuales. “La verdad que esto de las estructuras grandes en Cazadoras recolectoras nos fascinó. Te diría que nos quedó como pendiente un poco más. Por eso para la siguiente colección imaginamos distintos momentos de la historia y el oficio. Desde una pieza para el hombro que representa una armadura; una pechera toda forjada y entrelazada estilo medieval, hasta objetos para la cara que representaban antifaces. Fue un despliegue de oficios.”

Objetos de carácter escultórico convierten el vestuario en un despliegue de oficios, materia y construcción. Gentileza Inés Bonadeo. 

La cuestión de la escala es un tema muy recurrente en su producción y lo menciona como un momento bisagra dentro de su firma homónima cuando realizó hace dos años una residencia de un mes en el Amazonas peruano. “Hubo algo de la escala que me transformó. Todo era enorme en ese lugar y lo trasladé a un paisaje flotante que aun sigo desarrollando en el taller, donde volqué elementos que yo dibujé estando en el viaje y que además tiene una carga mística del lugar donde estuve”, declara Bonadeo.

Esa experiencia, que la desafió a romper la frontera entre joya y objeto portante, le permitió pensar más allá de intervenciones pequeñas y realizar dispositivos más grandes y decorativos, como el Sol de mayo, que realizó junto a Martin Bustamante –el creativo detrás de la tienda de decoración Facón–, para Casa Néctar. “Es una lámpara de techo, da luz hacia arriba y tiene una luz dimerizable, quedó increíble. El más vendible es el de pared, que es más sencillo. Además no hace falta que tenga luz y también puede ser un objeto decorativo. Se hacen de 45 centímetros, de 70 centímetros y de 1,20 metros.”

“La cicatriz”, creada por Inés Bonadeo para acompañar el vestuario diseñado por Carlos Molina, se convirtió en un elemento central de la identidad visual de “La vida era más corta”, disco de Milo J. como símbolo de las huellas del dolor y las historias personales y colectivas.  Foto central  por Violeta Capasso. Foto izquierda y derecha por Martín Gregorini. Gentileza Inés Bonadeo. 

Otra faceta muy destacada de sus creaciones son las propuestas que realizó para los cantantes Marilina Bertoldi y Milo J. En el caso de Marilina trabajó para su disco Mojigata donde ideó una armadura que luego iba despojando a lo largo del show y hoy continúa realizando artefactos para la artista. “Es hermoso porque es estar ahí en la cocina de la producción del artista, que no es solamente lo que canta, sino cómo se va a presentar. Es fascinante”, cuenta.

Con respecto a Milo J, su visión se materializó a través de la cicatriz que acompañó al vestuario que realizó el diseñador Carlos Molina y que se volvió crucial en la identidad de su disco La vida era más corta. “La cicatriz tiene que ver con un tema donde el dice 'tengo unos tatuajes bajo de la piel que no cicatrizaron' y se refiere a las cicatrices de las marcas que quedan del dolor de las historias personales y de las historias de los pueblos”, reveló la creadora.

Su imaginario, que no tiene límites, cruzó las fronteras del territorio nacional, llegando a la Brasilia Design Week a través de una convocatoria del Sello del Buen Diseño, donde su serie Tenaz fue seleccionada por la curaduría brasileña. “Muchos de los edificios en Brasilia son medias esferas y la mayoría de las piezas de esta colección eran medias esferas. Creo que eso fue lo que la hizo destacarse de las demás propuestas”.

Al final del día, su banco de trabajo sigue siendo un laboratorio donde el metal convive con hojas, huesos, piedras y recuerdos. Allí la joya deja de ser un accesorio para convertirse en un dispositivo narrativo capaz de cruzar escalas, disciplinas y tiempos, manteniendo vivo un oficio que, en manos de Bonadeo, nunca deja de transformarse.

 

Todas las fotos de esta nota son gentileza de Inés Bonadeo