Procesos creativos

Agustina Comedi: "Lo íntimo está atravesado por lo permitido"

El cine de la directora argentina de 33 años está siempre entre su historia personal y la historia colectiva. Esto le permite al espectador afrontar las películas desde un lugar entrañable. En esta entrevista, Comedi explica que, en su opinión, toda obra debe ser habitable por quien la observa.

Por Paula Jiménez España

30.07.2020

Agustina Comedi nació en 1986, tres años después de que la primavera democrática hiciera brotar en la Argentina las primeras flores de una disidencia artística de la que, por su sesgo desobediente, se la puede ver como heredera y sucesora. Para prueba basta su corto documental Playback. Ensayo para una Despedida, que este año obtuvo el premio al mejor cortometraje del 70° Festival de Cine de Berlín (Berlinale) y que rescata, durante su casi cuarto de hora, los brillos de la noche drag cordobesa de la década del ‘80. Noche trágica al fin, que vio extinguir su brillo cuando “nos empezamos a morir”, dice la voz de “la Delpi”, sobreviviente al aluvión VIH y facilitadora del material con el que Agustina montó esta película basada en las grabaciones de los shows del local nocturno La Piaf.

Con su proyecto actual sigue la línea de aquello que no es fácil contar, porque este film, que versará sobre el trabajo sexual, intenta “indagar en estos universos que no pueden ser nombrados”. Comedi explica que su nueva película será mas compleja que las anteriores porque “en este caso es más contemporánea la dificultad de poner una palabra o de escuchar una palabra, que sería mejor con respecto al tema. Es eso: el registro a través de una búsqueda de archivo más estallada, menos figurativa, hacer un ejercicio de aproximación. ¿Qué pasa con ese universo de las trabajadoras sexuales y qué pasa con la imposibilidad de abordarlo?”.

Comedi debutó en 2018 con El Silencio es un Cuerpo que Cae, un logradísimo documental con el que obtuvo el Cóndor de Plata a la mejor película de su rubro. La particularidad de ese material de archivo es que formaba parte de su acervo personal: las imágenes familiares registradas por su padre con cámara de aficionado, dialogan en el film con testimonios de amigos y parientes, y cuentan la historia de cómo la represión sexual parece haber sido la moneda con la que él pagó la posibilidad de construir una familia. El escenario es el mismo de Playback. Ensayo para una Despedida, la Córdoba de los años ’80. Una época y una sociedad que pese a la aparente descompresión post dictadura, seguía demandando el relato único, la elección de un camino definitorio en detrimento de otras alternativas.

Tomada de El Silencio es un Cuerpo que Cae, el documental de Comedi que trata sobre su padre. Gentileza.

¿Cómo surgió la idea de hacer con ese material de tu padre una película como El Silencio…?

En principio, lo que hubo fue un proceso personal estrechamente ligado a la condición de huérfana. Proceso de todas las que lo somos, de revisar en la historia de nuestros padres y madres, recuperar algo de eso. Y que también tiene mucho que ver con el crecimiento. En la etapa de de ritos de paso, a mí se me acentuaba mucho esa necesidad de saber cosas sobre mi viejo. Había una sensación de silencio/secreto fuerte que generaba en mí más necesidad de indagar. Después, cuando fui más grande y participé de espacios políticos, debates que se dieron en torno a la Ley de matrimonio igualitario, pude trazar los puentes entre mi historia personal y la historia colectiva. Ahí fue cuando sentí que el testimonio de los amigos de mi viejo y de las amigas era valioso, que su historia estaba atravesada por cuestiones históricas y políticas, que eran las mismas que se están debatiendo en torno a la ley del casamiento. Se habían puesto sobre la mesa la patologización de la homosexualidad, la violencia de las instituciones, todas, desde la familia hasta el Estado pasando por la medicina. Creo que eso fue lo que dio como resultado esas ganas de hacer público algo privado, sino no lo hubiera hecho.

¿Cómo fue el proceso de escritura del guion?

Hubo distintos guiones. El último siempre es el del montaje. Yo monto mis películas con Valeria Racioppi, que es una gran montajista. Se arma una cosa muy colectiva, muy sinérgica: nos sentamos a trabajar durante semanas, varias horas por día. Ese proceso es el del guion final, pero en el medio, desde el principio, hubo muchas versiones. Al comienzo más obvia, después pudiendo generar el aire que yo creo que tiene que haber en toda obra como para que quién mira, quién escucha, quién lee, pueda habitar. Al principio los guiones eran entre el manifiesto político y la terapia, oscilaba entre las dos cosas, después van madurando los procesos creativos.

¿Cómo un relato autobiográfico pasa a convertirse en obra, en este caso en poema visual además?

Yo no creo mucho en la biografía. Creo en elementos biográficos, pero me parece que en el momento en el que aparece un relato sobre una misma, o en el momento en que aparece un relato y punto, todo es recorte, construcción, parcialidad. Eso es lo que ayuda a poder concebirlo como obra. La libertad que te da entender que no hay ninguna fidelidad, porque no existe, porque no hay posibilidad.

Entonces toda “intimidad” relatada se vuelve una ficción de sí misma…

Lo íntimo está atravesado por lo permitido en una época determinada, por esa línea que se traza, de qué es lo legítimo o que no lo es, qué es aceptado y que no, qué es lo moral qué o inmoral. Eso que entendemos por intimidad en realidad estaba constituido por un montón de cuestiones que escapan a la esfera de lo individual.

¿Tuviste siempre ese material con vos o o accediste en algún momento?

En realidad siempre estuvo en mi casa, pero el lector de VHS dejó de existir en un momento, lo regalaron o se rompió y nunca más se arregló y esos videos quedaron ahí. Con el paso de los dos entre los ‘90 y los 2000 ese tipo de tecnología desapareció. Y cuando tuve a mi hijo quise volver a la historia de mi viejo, que había tenido sus avances en las distintas etapas de mi vida. Busqué los videos y cuando los vi pensé en que quería meterme con todo y que quería que fuera un documental.

Con respecto a lo moral o inmoral de una época, podríamos trazar ahí una línea temporal de avances y retrocesos. Pero en el punto en donde uno va a buscar su propia historia a ese pasado, a un material de archivo, me parece que hay actualización, hay presente.

¿Podemos hablar sobre cómo concebís el tiempo en la construcción de tu narrativa cinematográfica?

Es como el pozo de Alicia, es un pozo que es un túnel, no va adelante ni atrás. Cuestiona esa linealidad del tiempo. Para mí es un poco así. Hay elementos que se conectan, o sea el archivo inmediatamente lleva a una concepción que tiende a ser lineal. Pero el ensayo documental tiene esto de poder conectar elementos muy disímiles, constituir un relato a través de ese proceso de imantación que produce materialidades muy diferentes. Y a eso me refiero yo cuando digo los pozos, los túneles estos por los que cae Alicia. Como que generan un tercer sentido, una tercera imagen, un tercer tiempo.

Algo así como un tiempo queer, en el sentido de una movilidad temporal en la identidad del relato…

Es interesante esto que decís sobre el tiempo queer, porque es algo que trabaje en Playback… Un tiempo queer, una verdad queer, una historia: hay en Playback un material de archivo que deviene en la posibilidad de un futuro que no fue, de una posibilidad que no sucedió. Yo pensaba que eso también es archivo. Porque ¿cuál es la verdad, cuál es la línea del tiempo, cuál es entonces si la imaginación para mí constituye verdad?

Leo en el final de El Silencio… lo instintivo, indomable en el caballo, que el protagonista, tu padre, parece haber en parte tratado de controlar, esa intensidad contenida que de todas maneras no dejó de manifestarse. Creo que la intensidad con que filmaste repone algo de lo que él no pudo desplegar.

Me parece que esta lectura de la voluntad por domesticar el propio deseo, la propia complejidad, para operar dentro de un sistema, en la historia de mi viejo es muy evidente. Sobretodo dentro de una sociedad tan rígida como la de Córdoba, que no admitía que nada se saliera de la norma. Ningún hombre que estuvo con un hombre puede armar la familia si su relato no se alinea completamente con eso. Yo no creo que la familia haya sido para él una consecuencia de la falta de libertad, yo creo que él quiso armar esa familia. Pero sí pienso en esta obligación de alinear alinear su relato con esa decisión.

Después hay otra línea relacionada a los caballos y a los animales en general que descubrí en el proceso de hacer la película, que tiene que ver con la virilidad: el campo y esta cosa patriarcal de demostración de la fuerza y debilidad, a partir de subyugar al otro, al animal, a la mujer, al puto. Eso apareció más sobre el final del proceso de montaje, como algo que terminaron revelando las imágenes. Poder construir una narrativa en torno a todo esto, hacer obra con eso, decir palabras en imágenes, creo que ahí hay una apuesta por el caballo: lo desbocado. Mi papá se murió porque el caballo se desbocó, entonces ahí hay un juego de sentido: cuando uno se va de boca y dice lo que no tiene que decir.

El Silencio es un Cuerpo que Cae está disponible online en www.vimeo.com/ondemand/elsilencio