Nuevos paradigmas

Zoë Ryan: "El diseño como acto político"

¿Cuál es el impacto del diseño y la arquitectura en la sociedad? Esa es la pregunta que Zoë Ryan, curadora del Art Institute of Chicago (AIC), trata de responder con su labor al proponer una visión histórica y contemporánea que tiene en cuenta la heterogeneidad del público. En esta oportunidad, le preguntamos por temas como la arquitectura, el intercambio cultural, la relación del museo con el público, la idea de transformación en las instituciones y la performance artística.

Por Carolina Corti

22.04.2020

En una entrevista con Design Bureau, mencionaste que, actualmente, el diseño trata menos el tema de la función y más el bienestar emocional, las ideas, los conceptos y las narrativas. ¿Cuándo sucede este giro y en relación a qué factores?

Históricamente, hemos estado interesados en el tema de la función, pero creo que esta noción ha sido definida de una manera restrictiva, como una relación física con algo, o una respuesta a la pregunta de si “las cosas funcionan bien”. Pienso que la idea modernista acerca de los diseñadores como “solucionadores de problemas” ha sido una interpretación muy reduccionista. Actualmente, el diseño se trata sobre como expandir narrativas y generar discursos, así como también sobre encontrar respuestas a los problemas, tanto inventivas como éticas y equitativas. Personalmente, creo que la función tiene más que ver con el modo en que nos relacionamos con los objetos en diversos niveles, y que la capacidad funcional puede medirse a través de muchas variables. Mi mirada acerca del mundo del diseño y de la arquitectura sucede a través de esos lentes. Creo en la práctica del diseño como un acto político que busca responder preguntas sobre significados, ética, sustentabilidad, cambios sociales, etc. Ya aprendimos cómo hacer “cosas cómodas”, hoy tenemos una responsabilidad diferente. La actual crisis de salud mundial por el COVID-19, por ejemplo, tendrá un tremendo impacto en el mundo del diseño. De hecho, ya está resultado en nuevas formas de pensar, trabajar, cuidar, incluso en alternativas para la producción de conocimiento y el desarrollo de modelos económicos y políticas públicas. Ha sido muy alentador ver la respuesta de la comunidad de diseño buscando aplicar sus habilidades, desde ideas para poder producir rápidamente respiradores artificiales hasta nuevas plataformas digitales -nacionales e internacionales- para proporcionar apoyo, tratamiento, suministros y educación en los hogares.

En relación a tu trabajo, ¿cuál es el efecto que produce el hecho de recibir a un público amplio con interés tanto en la disciplina como en temas diversos?

En principio, en el Art Institute of Chicago tenemos un público muy diverso. En general, los museos han hablado de verdades absolutas, y como estamos cubriendo cada vez más períodos de tiempo y más obras, aparecen más preguntas, y muchas veces no tenemos todas las respuestas. De modo que mi trabajo es identificar cuáles son esas preguntas y preocupaciones, aquellas con las que la audiencia idealmente resonará. Esto implica no poder tener las respuestas siempre pero sentirse confiado a pesar de eso, y crear las oportunidades y conversaciones que resultarán en nuevos conocimientos y descubrimientos. Significa, también, registrar cuáles son los temas de conversación interesantes, e investigar cómo crear diálogos e intercambios. Nos interesa crear proyectos que atraigan al público como participante vital, y lo entusiasmen a través del diseño de exposiciones, de las yuxtaposiciones entre proyectos, de la interpretación y del programa educacional, por ejemplo. Es un ecosistema cuyo objetivo es poner en evidencia cuán esenciales son los museos para las ideas, en términos de la producción de conocimiento y de la estimulación de nuevos pensamientos.

Es invitar al espectador a pensar críticamente y tener una voz válida. El trabajo del AIC no representa un punto final, sino el comienzo de una conversación. Es definitivamente una oportunidad de aprender sobre las complejidades del mundo con el que lidiamos.

¿Pensás que cierto tipo de condición actual de las instituciones –y el consecuente empoderamiento de los espacios autogestionados– podría terminar con la desaparición de los organismos mainstream?

Yo no concibo a unas sin las otras. He trabajado en instituciones muy pequeñas y otras más grandes, y la razón por la cual trabajo en el Art Institute de Chicago es, precisamente, por mi experiencia en los espacios previos. Cuando trabajás en una institución pequeña, siempre hay colaboraciones con otros espacios. Funciona como un think-tank. Cuando entré en el AIC, una de las cosas que más me sorprendió fue tener que enfrentarme a la idea de que a pesar de ser una institución enorme, no existían colaboraciones. Eso ha cambiado significativamente durante mis trece años en la institución. Actualmente, trabajamos en colaboración dentro y fuera del museo y nuestros proyectos se benefician enormemente de los comités asesores de todos los campos y geografías que asesoran nuestro trabajo. Nuestro departamento de Diseño y Arquitectura moderna y contemporánea es uno de los once departamentos curatoriales del museo centrados en el arte, desde la época de Columbia Británica hasta la actualidad. Me encanta ser parte de esta conversación más amplia a lo largo de siglos de práctica artística. Las organizaciones más pequeñas y los espacios independientes son tan importantes como las más grandes. Podemos aprender mucho de ellas sobre cómo ser más ágiles, más experimentales, y podemos compartir nuestro conocimiento y nuestra experiencia. Estamos en un momento en el que necesitamos una mejor comprensión del potencial de la arquitectura y el diseño, de modo que los programas entre plataformas, grandes o pequeñas, son esenciales y críticos para el intercambio de ideas.

La obra de la alemana Anni Albers, retratada en «In a Cloud, in a Wall, in a Chair: Six Modernists in Mexico at Midcentury» actúa sobre el paisaje y la arquitectura de México, aportando un lenguaje visual de carácter abstracto. Textiles, serigrafías e instalaciones forman parte de su colección. Foto gentileza del Art Institute de Chicago.

¿Es decir, llevar la discusión a un público más amplio?

Sí, a la vez que se busca el público adecuado para cada proyecto. Tenemos muchos programas para audiencias diferentes. Ha sido fascinante ver que nuestras exhibiciones las visitan estudiantes de otras carreras, como Ingeniería, Tecnología de la Información, Periodismo, e incipientes Historiadores del Arte. Es por eso que la cultura es tan importante. Uno va a un museo para entender cómo piensan otros y cómo han elegido tratar temas de diversa importancia. Me interesa generar conversaciones multidisciplinarias, y proveer el contexto para un intercambio significativo y potente. De hecho, pienso que esos diálogos intergeneracionales, interhistóricos e interdisciplinarios son los que hacen tan única a la colección del AIC y su programa.

Anteriormente, mencionaste la ventaja de aprender del público. ¿Qué aprendés de los visitantes del AIC?

Fundamentalmente, aprendo de cómo el público percibe las exhibiciones, del feedback que recibimos. Reviso qué se escribió acerca de ellas, cómo fueron percibidas por la crítica, y cómo las ideas que se plantearon en la exposicion continúan circulando en otras direcciones, a través de formas más populares de entretenimiento, o incluso en la producción de otras exhibiciones. También aprendo de mis estudiantes cuando doy clase. Son una audiencia vital para mi trabajo y mantienen actualizada mi práctica y sus resultados con nuevos lenguajes y maneras de observar el mundo.

¿Qué cosas cambiaron en el último tiempo en el AIC?

Estamos tratando de ser muy conscientes del tipo de productos que hacemos. A partir de la colección existente, buscamos movernos en nuevas direcciones. Nos interesa ser receptivos a nuevas ideas, pero no por ser necesariamente «actuales”. Creo que muchas cuestiones alrededor de la noción de “cambio” son universales y atemporales, y estamos continuamente revisitándolas. Nos importa la idea de cambio en términos de su significado real, y muchas veces sucede que los temas actuales no son fáciles de encarar en esas condiciones.

En otras ocasiones, queremos aprovechar el momento y presentar el trabajo realizado a medida que surgen las ideas, enfatizando el pensamiento actual y la posibilidad de que aparezcan nuevas direcciones en el campo aún desconocidas.

Actualmente, también estamos trabajando para que nuestra colección sea más inclusiva, incorporando más proyectos de mujeres arquitectas y diseñadoras, algo que faltaba cuando llegué al museo. Por ejemplo, el trabajo de Marion Mahoney Griffin en la primera mitad del siglo XX y Charlotte Perriand, así como el trabajo de profesionales contemporáneos como Amanda Williams, Tatiana Bilbao, Frida Escobedo, Christien Meindertsma, Irma Boom, entre otros. También estamos trabajando para incluir más creadores afroamericanos, como Charles Harrison -el diseñador de ViewMaster. En este sentido, queremos armar una colección con el trabajo del diseñador afroamericano Norman Teague (diseñador y profesor, residente en Chicago. Su práctica se enfoca en el diseño como agente de cambio y como mecanismo para empoderar a las comunidades afroamericanas.) Fundamentalmente, porque empecé a darme cuenta de que para ser inclusivo y diverso no es suficiente con agregar la obra de un diseñador afroamericano a la colección, porque solamente nos estaríamos limitando a agregarlo al canon. En ese sentido, lo que nos apasiona es poner de manifiesto su voluntad de crear nuevas tipologías observando estilos de vida comunitaria.

“Past Forward: Architecture and Design at the Art Institute” fue una instalación llevada a cabo en 2017 y dedicada a la colección de dibujos arquitectónicos y obras de diseño gráfico e industrial pertenecientes a los siglos XX y XXI. Foto gentileza del Art Institute de Chicago.

De alguna manera, creo que parte de lo que estas instituciones y espacios buscan es hablar de arquitectura a través de otros sucesos.

Eso es lo que implica formar parte de un museo. Personalmente, el conocimiento que puedo aportar al AIC es sobre la arquitectura y el diseño como acercamientos ideológicos al mundo. Me ha tomado años entender cómo y por qué construir nuestra colección en ciertas direcciones o qué tipo de exposiciones, programas, acciones o comisiones contribuirán al campo o serán significativas en determinados momentos. Ha sido un proceso de educarnos a nosotros mismos, a la institución y a nuestro público, sobre la importancia de la arquitectura y el diseño como campos de práctica, pero también como generadores de ideas.

Es como si la arquitectura se autorestringiera, precisamente a través de sus herramientas, cuando de lo que realmente se trata es de trascender la arquitectura.

Exacto, y para trascender uno debe hacerse preguntas constantemente e interrogarse acerca del significado de estas disciplinas, al mismo tiempo que reenmarcar las preguntas en función de las nuevas audiencias.

¿Qué pensas de la performance artística como parte de los modos actuales de exhibición en las instituciones?

La performance y los programas interactivos se han convertido en formas populares y en formas clave para generar compromiso en audiencias de todas las edades. En términos del trabajo del AIC, creo que definitivamente estamos interesados en lo performativo. Nuevamente, la idea de un acercamiento interdisciplinario a los proyectos es clave para nuestro trabajo, así como también el empleo de formatos y tipos de proyectos variados que ayuden a generar ideas y reunir al público. Estamos colaborando cada vez más con otros departamentos en el museo y me doy cuenta de que nuestras conversaciones se enriquecen entendiendo a las disciplinas a través de la mirada de otras.

¿Qué temas te interesan exhibir actualmente en los Estados Unidos?

Es una gran pregunta. Fundamentalmente, tratamos de ser abiertos y transparentes para hablar de las complejidades y desafíos que hay en el intercambio cultural. Las exhibiciones hablan de cómo los artistas rompen sus límites abordando temas de género, temas disciplinarios, de entorno social. En el proyecto que presentaremos en febrero de 2021, habrá temas como identidad, migración, salud, comercio y ciudadanía. Somos muy conscientes de lo que nos importa como institución. Pero esta práctica curatorial no se trata de nosotros identificando temas, sino de percibir los que surgen de los mismos proyectos.

En 2019, inauguramos una exhibición titulada: “In a Cloud, In a Wall, In a Chair: Six Modernists in Mexico at Midcentury”. Este proyecto enfatizó muchos de los temas que estamos pensando. Nuestra intención era arrojar claridad sobre la posibilidad de repensar la historia del arte moderno y el diseño en México, agregar a ese país al canon y darlo a conocer como un destino de arte y diseño moderno. Para ello, destacamos el rol de seis figuras (Clara Porset, Lola Álvarez Bravo, Anni Albers, Ruth Asawa, Cynthia Sargent y Sheila Hicks), quienes se beneficiaron y contribuyeron al paisaje artístico de México entre 1940 y 1970. Es una historia sobre las complejidades del intercambio cultural que invita al público a interrogar las brechas y a hacer preguntas relacionadas con quién se beneficia y quién tiene el poder en estos procesos.

Es un recordatorio de que, para muchos, la migración internacional es tanto una cuestión de calidad de vida como una provocación de la creatividad. El discurso político actual en los Estados Unidos no suele señalar a México como un lugar buscado para emigrar, pero esta exhibición desafió muchos de estos lugares comunes. Fue, precisamente, la apertura de México a la práctica artística lo que atrajo a una gran cantidad de artistas ambiciosos y diseñadores modernos de todo el mundo.