Nuevos paradigmas

Javier Arroyuelo: "El derroche es antiestético"

El periodista y escritor especializado en moda realiza un recorrido crítico del sistema y cómo la sustentabilidad y la representación de las diversidades son claves a la hora de pensar la moda en el siglo XX.

Por Celeste Nasimbera

13.07.2020

Javier Arroyuelo tiene una proposición: reflexionar, reconocer y ser. Hoy, el escritor y periodista desarrolla Celebracionable, un proyecto que comenzó, a modo de bitácora, con una cuenta de Instagram que reúne diferentes artículos, fotografías y novedades sobre la sustentabilidad. “Vestirnos como pensamos, como sentimos, vestirnos de aquello en que creemos”, señala Arroyuelo, idea que sintetiza con el hashtag propuesto desde Celebracionable: #VestirComoPensas.

Arroyuelo nació en Avellaneda y en su adolescencia fundó el sello discográfico Mandioca junto a Rafael López Sánchez y Jorge Álvarez. Llegó Onganía y decidió ir a vivir a Francia, donde permaneció hasta 2006.Un artículo sobre Marlene Dietrich lo introdujo en Vogue París y luego llegaron las colaboraciones en Interview Magazine, Vanity Fair y Vogue Italia, bajo la dirección de Franca Sozzani. Cuando regresó a la Argentina en 2006 comenzó a dar clases de periodismo de moda. Hace seis años que tiene su columna de moda en La Nación revista y hace ya varios meses está detrás de Celebracionable.

En esta entrevista recorrimos París en los ‘70, la conformación del voraz sistema consumista de la moda en los ‘80, las primeras manifestaciones de cambio en los ‘90. Un repaso crítico sobre el sistema de la moda y una reflexión que aborda un modo posible de vestir como vivimos.

PH: Carola Rousso/Gentileza 

El sistema económico que rige actualmente en la industria de la moda se fue desarrollando en las últimas décadas. ¿En qué momento consideras que escaló?

En los años ’70 hubo una expansión moderada: más marcas y más atención de los medios porque la moda se rejuveneció. El mundo de la boutique fue tomando impulso y fatalmente terminó interesando a los inversores. Los financistas se abalanzaron sobre la moda de alta gama y el lujo. Todo eso sucede en los ochenta y yo fui viendo la escalada, las marcas codiciaban entrar a la bolsa. La moda además se pone de moda, no es casual, en todo está la economía. Esos conglomerados también compran títulos de diarios financieros. No podías darte cuenta, se hacían cada vez más ricos. Había cambiado ese mundo y, este nuevo sistema, necesitaba que se pasara de un consumo lógico a un frenesí. Luego se va globalizando. Una palabra muy oportunamente impuesta a partir de ese momento porque el lenguaje es muy importante. No es inocente decir globalización porque le das un tono de fenómeno universal e irreversible. Todo sucede en líneas paralelas con un fondo común de intenciones como de ganancias. El capitalismo paternalista pasó a conglomerados.

¿Qué se generó en el lenguaje para justificar el paso de consumo al consumismo?

¡El mercadeo! Me gusta mucho más que marketing. Lo que ocurre es que se habló de democratización de la moda: una trampa semántica. Hay que pensar en los antecedentes: la moda es la nave insignia del lujo, es un signo de estatura social, la distinción, eso se extendió como imitación. Luego de la revolución francesa se empieza a acceder a esas grandes tiendas con ropa de confección. A lo largo del siglo XX ya está establecido. Luego las clases medias empiezan a acceder al crédito e imitan el consumo de las clases altas y, a partir de los ochenta, se da una aceleración del tiempo de una manera extraordinaria.

Lo que prima como motor del consumo es el hecho de que se haya puesta toda la subjetividad de la persona en su representación social. Ya no se trata de una verdadera posición económica, se trata de imponer ese modelo de consumo necesario para no quedarse afuera del discurso, en este caso es la moda, pero es el discurso de las relaciones.

El crédito económico fue fundamental y, también, que cada uno de nosotros se transformó en producto.

Sí. Eso lo explica muy bien Zygmunt Bauman. Expresa con una claridad diáfana que la persona misma es convertida en producto: se vende, se ofrece y se consume porque sino no existe. Se ve en las redes: gustar o no gustar es el compro o no lo compro. Tener seguidores es tener clientes. Existía en la corte de Luis XIV pero los ritmos eran otros. El mundo no es una corte de Versalles, está habitado por billones. Las tendencias, también, siempre existieron pero duraban más tiempo, existían más bien siluetas. Esa aceleración está conectada al desarrollo de las comunicaciones, a las nuevas formas de informarse y de entretenerse, de no ver pasar el tiempo. Penetraron profundamente el espacio individual y del televisor en el living se pasó a tener en cada cuarto, luego la imagen llegó a la palma de la mano. Las tendencias se aceleran a medida que se impulsan las tecnologías del teléfono.

¿En qué momento comenzaste a pensar en la idea de sustentabilidad? ¿Cómo fue ese proceso desde lo profesional y lo personal?

Ante todo quisiera aclarar que la palabra no me va. Implica hablar del paraíso, es un punto al que se quiere llegar, no es lo que está sucediendo. Personalmente fue PETA: ellos comenzaron a protestar contra el abuso animal, los crímenes de la industria de la peletería y eso me tocó muy especialmente. Me di cuenta de que había una posibilidad de cambiar, me entusiasmó. Confirmé la superficialidad de la moda cuando gente que suscribió de inmediato a la eliminación de las pieles, un año después ya las tenía nuevamente encima.

Ahora empecé a hablar de sustentabilidad porque la moda es responsable de una degradación importante del medio ambiente pero también del ambiente social, no puedo disociarlos. Sustentabilidad es para mí uno de los elementos. Tan importante como la preocupación por el medio ambiente es la inclusión de todas las diversidades. Todo el mundo tiene derecho a disfrutar del placer de vestirse, la posibilidad de darse la apariencia que se desea.

Es un toma de posición política.

Totalmente. Porque el derroche para mí es antiestético. Éticamente es insoportable. Es una opción de vida.

¿Por qué Celebracionable?

El nombre surge porque pensaba en la celebración de una cultura de la sustentabilidad, de lo integral, pero sobretodo porque yo creo mucho en la idea de celebrar. ¡Es la ronda de Matisse! Celebración y celebration me parecían que, aunque parezca mentira, se prestan a confusión porque en general la gente está poco atenta a las palabras. Entonces si inventas algo celebracionable implica una acción, una voluntad de. ¿Celebrar qué? Puede sonar cursi pero se trata de celebrar la vida, todos los cuerpos, la ropa como otro medio más para expresarse. Salidos de cuatro años de un gobierno que detesté por la situación país me pareció que tenía sentido. Más ahora si salimos de la pandemia. Celebramos lo que cambie.

¿Qué aspiras con el proyecto?

Me gustaría que sea una plataforma, un sitio de difusión de ideas, de mostrar diversidades. También me gustaría ensamblarlo con otra iniciativa de trabajar de la semilla al perchero. Tratar de abrir un paraguas que cobije todas las instancias porque no todas están conectadas. Vincularlas aunque estén en niveles diferentes en el proceso de la sostenibilidad. Por ejemplo las tiendas vintage forman parte, aquellas personas que recuperan telas, incluso lo mismo con la ropa que uno ya tiene. Es crear cadenas de trabajo. Me gustaría tener más incidencia en la realidad.